10 de octubre de 2017

Reseña "Agencia Europea de Estudios Paranormales: Conspiración"

  
Despertares
Amanece en la oscura pensión de la señora Kowalski donde se aloja el sacerdote irlandés Thomas Woodword. Ha aprovechado la oportunidad de venir a Londres para recibir algo de formación (bien pagada) en la Agencia Europea de Estudios Paranormales para intentar contactar con miembros de la mafia irlandesa en la capital británica y acceder a células del IRA auténtico, a los que quiere ayudar financieramente para que expulsen a los protestantes de Irlanda. 
Sabe que está cerca de conseguir sus objetivos, pero también que tratar con mafiosos siempre es peligroso y de ahí que no olvide su pistola cargada en ningún momento. Tras desayunar mientras imparte su doctrina anti-protestante entre los aburridos inquilinos de la pensión, recibe por error la correspondencia de uno de ellos, un tal Steve Rogers, estadounidense. Woodword la abre sin reparos y se da cuenta de que se trata de un periodista. El sobre contiene un billete de avión (que rompe) para Hamburgo, con la idea de que cubra el encuentro del G20 que tiene lugar esos días en la ciudad germana. Al ver que no se trata de nada de interés, confiesa su “error” y pide a la señora Kowalski que le de su correo. Mirándolo por encima, no ve más que propaganda del Círculo de Lectores, facturas y poco más. Lo tira todo a la basura y sale a la calle, cuando de pronto cruzando la calle sin mirar, un coche se avalanza sobre él.
Por su parte, el paciente 1378, sale de su celda en el sanatorio Arkham en Londres para tomar su bandeja y sus pastillas. Hoy cree haber recordado su verdadero nombre. Se sienta a comer junto a su doctor y le cuenta que ya está mucho mejor de su enfermedad, que asume que no tiene poderes ni que viene de un futuro distante a advertir a la humanidad de un incierto peligro. El doctor asiente con satisfacción mientras le indica que debe tomarse su ración de pastillas y que puede tomarse el día libre en la Agencia Europea de Estudios Paranormales. 1378 sonríe complacido y sostiene el documento firmado por el doctor con el permiso de 24 horas. Y de pronto, sin saber cómo, aparece en el vestíbulo del edificio Whitehouse, sede de la Agencia. Un taxi se aleja lentamente de la puerta. Todavía sostiene el certificado en sus manos, que parece estar teñido de manchas de sangre…


Muerto antes de tiempo
Cuando 1378 entra en la planta 13, sede de la Agencia, le dan la bienvenida a una especie de fiesta con canapés. Se trata de un pequeño descanso para celebrar la llegada del verano. Incluso se está organizando una cena de empresa entre el numeroso personal técnico y de administración para el viernes, a la cual invitan sin mucho entusiasmo al recién llegado experto de lo oculto. Allí la directora de la Agencia, Margaret Underbridge, da un breve discurso plagado de errores resumiendo los aciertos del año. Se congratula de la presencia de un investigador, 1378, el único que se encuentra en la sala. Entonces Sara, la secretaria, le anuncia al oído una triste noticia: Thomas Woodword,uno de los investigadores de la Agencia, ha muerto en un desgraciado accidente de tráfico. 
Margaret le dedica unas palabras antes de despedirse para partir hacia la cumbre del G20 en Hamburgo. Es entonces cuando un airado Thomas hace su aparición en la planta 13. Ha tenido problemas para acceder al edificio porque su tarjeta personal de identificación estaba revocada. Sara se disculpa por haber revocado sus privilegios de acceso, pero argumenta que desde la morgue de Kings Cross le han notificado su fallecimiento. Con una mueca de sorpresa, el sacerdote decide investigar el extraño suceso llevándose consigo a un confundido 1378.
En la morgue el sacerdote irlandés muestra rápidamente su tarjeta de la Agencia y lo toman por policía. En el sótano preguntan por el cadáver que han confundido con él mismo. Despiden con unas palabras y unas libras al forense encargado y abren la caja donde se encuentra el cadáver. Efectivamente es una copia exacta de Thomas Woodword, que se debe retirar un tanto alterado. Para 1378 es algo normal, ya que según dice los robots y clones son normales en el futuro del que viene. El interno del sanatorio, alentado por Woodword, está cada vez más convencido de que efectivamente viene de un lejano futuro y que la terapia del hospital es contraproducente. De hecho, tras la morgue, los dos compañeros comen en un pub y el irlandés le convence para tirar su medicación. Así, cree él, sus poderes psíquicos se potenciarán. Tiene razón, pero ignora que además se saldrán de control. Será testigo de todo ello en las siguientes horas.
La billetera del hombre muerto
Al salir de la morgue los dos investigadores acuden a un pub para comer y discutir sus descubrimientos. Han recogido una muestra de ADN del muerto que han enviado a analizar. En las ropas del cadáver, que han robado en un descuido de los guardas, han encontrado una pistola (que 1378 rechaza y recoge Woodword), una servilleta con una matrícula de coche incompleta y una marca de coche, Peageut, servilleta que pertenece a un pub irlandés llamado Cork Valley, y una tarjeta de hostal. También se han llevado el informe de la autopsia, que decreta muerte por accidente de coche y señala quién prestó declaración como testigo, un ciudadano de origen chino apellidado Chow, y la localización el trágico suceso. 
Con los datos de los que disponen, Woodword llama por teléfono al asistente informático de la Agencia por teléfono y le pide que localice un coche con esas características. Al tiempo Nitro, que es como se hace llamar (diminutivo de Ácido Nítrico, nickname que ha convertido oficialmente en su nombre) le llama diciéndole que es un coche robado hace poco menos de una semana y que ha sido encontrado quemado en un descampado.
Los dos investigadores acuerdan acercarse al Cork Valley y preguntar por el difunto. Nada más llegar, el barman reconoce a Thomas Woodword, confundiéndole con el fallecido clon. El irlandés pide dos pintas de cerveza negra, una para él y otra para su amigo, que además pide un botellín de agua y se maravilla de su calidad además de asombrarse porque el camarero la malgasta lavando vasos con ella. El sacerdote explica al camarero que 1378 es extranjero y entonces el barman asume las extravagancias de 1378. Thomas con la ayuda de su compañero van interrogando al barman sin levantar sospechas para averiguar todo lo que sabe de su alter ego atropellado. Al parecer solo había venido una vez, hace unos pocos días. Estaba bastante nervioso y quiso enviar un dossier a una dirección de Londres y le pidió al barman que se lo enviara por él, que pagaría los sellos apropiados. El barman así lo hizo, pero como no tenía ningún sobre adecuado, reutilizó uno del Círculo de Lectores. El exorcista traga saliva y palidece al recordar el sobre que recibió esta mañana de manos de la señora Kowalski del Círculo de Lectores y que él mismo arrojó a la basura.
Viaje en el tiempo
Sin embargo, 1378 tiene la solución: viajar en el tiempo. Utilizará sus poderes psíquicos de teleportación para transportarlos en el tiempo, como sospecha que hizo desde su distante futuro. El exorcista, poco escéptico, lo anima a que lo intente. Y efectivamente, surte efecto. Como por arte de magia aparecen en su habitación de la pensión al poco de que se levantar para desayunar. De hecho, pueden escuchar a su otra versión de sí mismo hablar con los otros inquilinos sobre la inferioridad de la religión protestante.
El esfuerzo ha sido mayúsculo para el joven interno del sanatorio mental, que cae en la cama con fuertes dolores abdominales y sangrado por la nariz. Los investigadores de lo oculto esperan lo suficiente para que los inquilinos y el mismo Thomas Woodword abandonen la pensión, momento que el exorcista aprovecha para bajar las escaleras y volver a retomar la conversación con la señora Kowalski y recoger el sobre de la basura. Al subir de nuevo a la habitación e interesarse por el estado de salud de su compañero, unos extraños sonidos en la planta baja ponen en alerta a los dos investigadores de lo oculto, convencidos de que alguien ha entrado en la pensión con la peor de las intenciones. Mientras escuchan pasos que suben por la escalera enmoquetada, humo se va filtrando por la puertecilla, como si abajo hubiera estallado un pequeño incendio de pronto.
Son suficientes señales para el sacerdote irlandés, que se aposta tras la puerta y desenfunda su pistola con idea de descerrajarle un disparo en la cabeza a la primera persona que suba las escaleras. Sin embargo, 1378, todavía muy afectado por la experiencia del viaje temporal, intenta teleportarse para ayudarlo pero acaba bloqueándole la visión de tiro. Aún y todo puede ver cómo dos individuos de aspecto militar avanzan por la salita buscando algo. Debe ser el sobre. Uno de ellos porta una pistola, y el otro, al escuchar a los investigadores a su espalda, desenvaina una especie de katana plegable. Los dos agentes de lo oculto luchan contra los recién llegados, pero parecen casi invulnerables a las balas. Finalmente Woodword entiende que deben llevar alguna clase de chaleco antibalas, aunque a simple vista no lo parezca en absoluto, y apunta a la cabeza. Cuando acaban con ellos la casa es ya presa del fuego, pero tienen tiempo de escapar a tiempo. Eso sí, antes de hacerlo logran cogerles los chalecos antibala, extremadamente finos.
El complot
Ya repuestos, los dos investigadores abren el famoso sobre. La letra de la dirección del sobre no está escrita por Thomas, no se parece de hecho nada a la suya. En el sobre no hay ningún mensaje, tan solo fotos, extrañas fotografías de los veinte mandatarios de los países más poderosos desempeñando las profesiones más sorprendentes: Angela Merkel como enfermera jefe, Donald Trump como cantante callejero… todas son fotos posadas y con un sello todavía más extraño. 
En el sello oficial se habla de un tal Ministerio de Guerra de la República Luterana de Inglaterra dentro de la Confederación Europea de Naciones Luteranas. Pronto los investigadores de lo oculto llegan a una imposible conclusión. Los agentes que acaban de eliminar proceden de una dimensión paralela donde Cromwell se afianzó en el poder en Inglaterra y alteró el curso de la historia europea. De alguna forma desde esa extraña dimensión han llegado a tener noticia de la nuestra y se han propuesto dominarla secuestrando a los mandatarios mundiales y sustituyéndolos por los dobles de su dimensión. Al ser veinte las fotografías, Woodword y 1378 no tienen ya dudas de dónde piensan dar el golpe: en la reunión del G20 que tendrá lugar mañana en Hannover.
Pero los agentes de la Agencia Europea de Estudios Paranormales todavía tienen flecos que investigar antes de salvar al planeta. Siguiendo el hilo de sus pesquisas, deciden visitar el lugar del supuesto accidente del doble de Thomas. Allí, en la carretera, observan que no hay huellas de frenazo de ningún coche. De pronto parece que el accidente haya sido intencionado. 
Aprovechan para interrogar entonces a Chow, el testigo que presenció el accidente y que tiene su domicilio (y su tienda, que es el mismo lugar) en la esquina de la calle. El inmigrante colabora de forma más vehemente cuando Woodword ignora la caridad cristiana y lo amenaza con reportarlo a inmigración tras identificarse como agente de la ley enseñando su placa de la Agencia. El chino explica que un Peugeut negro embistió al doble de Woodword y tres hombres salieron del vehículo. Uno de ellos se agachó y le hizo el signo de la cruz antes de volver a introducirse en el coche. El irlandés entonces llama a Nitro y le pide que acceda a las cámaras de televisión de tráfico del circuito cerrado del ayuntamiento y le envíe las fotos de esos tres hombres. El ayudante de informática no tarda mucho en enviarle las fotografías y después de un par de horas, identificar al hombre que ha hecho el signo de la cruz: se trata de un tal Mick Harrow “tres dedos”, gángster en Glasgow. Pero el informe policial del mafioso escocés indica que tan solo tiene cuatro dedos en la mano derecha, mientras que la fotografía indica que tiene todos sus dedos. El hombre que aparece ahí debe proceder de la dimensión alternativa…
Cancelación de billetes
Los dos investigadores continúan sus pesquisas. Entre las pertenencias del doble muerto también encontraron una tarjeta de hostal. Hacia allí se encaminan. Les atiende la hija de la dueña en una suerte de pequeña recepción a la entrada del hostal. Su aspecto impresiona mucho a 1378. Su índice de grasa corporal es mucho más alto que la media, algo que en su mundo está relacionado con la buena salud y con un alto nivel social. 
Prendado de ella, los dos agentes piden la llave de la habitación y la recepcionista les explica que un par de “amigos” suyos entraron hace unos días. Por las descripciones encajan con los dos hombres de aspecto patibulario con los que lucharon hace unas horas. Encuentran la habitación desordenada como si la hubieran registrado. Probablemente estaban buscando las fotos que sin duda el doble de Woodword robó del Ministerio de la Guerra de la República Luterana de Inglaterra. Entre el caos, los estudiosos de lo oculto encuentran un sobre de la agencia de viajes Wellington con un billete a nombre de Jack Perrow. Para saber si es el nombre del doble de Woodword, deciden echar una ojeada al viejo ordenador de la recepcionista. 1378 se ofrece a distraerla invitándola a tomar el aire, aunque ella se fuma un cigarrillo de tabaco negro. Los dos acaban besándose. Entretanto Woodword accede a la ficha de su doble y comprueba que su nombre es otro. El billete debe de haber pertenecido a uno de los asaltantes de su pensión, ya muerto. El destino es Hamburgo, y el vuelo sale esta misma noche.
Tras abandonar la pensión, Woodword, con la información de la que dispone, se prepara para anular los billetes a Hamburgo de la célula de la dimensión luterana. Lo hace llamando por teléfono a la agencia, pero lamentablemente, cuando está a punto de conseguirlo, la agencia sufre un apagón y los ordenadores se bloquean [pifia], de modo que, siguiendo el consejo de la agente comercial, deberán ir al aeropuerto para cancerlarlos en persona. Apenas quedan dos horas para que salga el vuelo. Son diez los billetes expedidos por la agencia para Hamburgo.
Tiroteo en el aeropuerto
Woodword y 1378 llegan y se unen a la cola de la aerolínea para cancelar los diez billetes de la célula terrorista extradimensional. Cuando les toca el turno la azafata enseguida anula dos de los billetes (los correspondientes a los sicarios muertos), pero se resiste a anular el del resto del grupo. Mientras el tono del sacerdote sube de intensidad, su amigo psicológicamente inestable observa cómo en la cola, más allá, hay ocho hombres de aspecto militar y entre ellos el doble de Mick Harrow, probablemente el líder del grupo. Dados los aspavientos del irlandés, es cuestión de tiempo que lo detecten. 
Para darle todo el tiempo posible, 1378 decide salir de la fila y dirigirse hacia Harrow. Una vez frente a él, le hace entender que él también proviene de la dimensión luterana y que deberían charlar en la cafetería, muy cerca, tranquilamente. Entretanto, el sacerdote se ha encontrado solo y la azafata no atiende a razones. Girando la vista observa cómo los agentes extradimensionales lo han detectado. Nervioso, abandona la cola pero no puede evitar que la azafata vea con claridad la pistola que porta en la sobaquera. Mientras Woodword se encamina a una zona de espera lo suficientemente pública para evitar ser asesinado, la azafata da la señal de alarma silenciosa a la policía de Heathrow.
1378 consigue ejecutar su papel a la perfección y logra convencer a Harrow de que es un coronel, y por tanto superior a él, que se ha presentado como capitán Jones. Como coronel ha venido a poner orden en el caos que se ha convertido la operación. Así, sutilmente, averigua dónde tienen preparados a los dobles y cuándo los cambiarán por los dignatarios internacionales. En ese momento uno de los soldados de la República Luterana de Inglaterra le susurra al oído al capitán Jones que han logrado retener al sacerdote en los servicios. Allí se encaminan todos. Un agente hace guardia disimuladamente y el resto entra en los servicios, donde han empujado al irlandés sin mayor problema y sin llamar demasiado la atención. Woodword parece estar en una extraña calma que pone nerviosos a los agentes. El capitán Jones se permite lanzar unas palabras de desafío y explicar que su doble era un traidor a la patria luterana que quería sabotear el plan de dominio de esta dimensión y para ello buscó contactar al único que sabría que le iba a creer: su doble de esta dimensión. Para él fue además una suerte que su doble trabajara en una agencia gubernamental. Lo asesinaron, pero no lo suficientemente pronto como para evitar que enviara la documentación robada en el Ministerio. Después de la breve explicación, se aprestan a darle muerte.
Pero nadie se espera que el supuesto coronel desenvaine su katana (cogida a los sicarios muertos) y ataque a uno de los soldados, mientras Woodword dispara a otros. Nadie lo había registrado, suponiendo que nadie estaría tan loco como para ir armado con una pistola a un aeropuerto. Mientras se suceden los disparos y los mandobles los agentes van cayendo. En la escena de terrible tensión, los poderes psíquicos de 1378 comienzan a descontrolarse y a ir reventando las luces y provocando ondas de ataque psiónico que van dañando a todos, hasta que finalmente cae el último. Justo en ese instante se escuchan disparos en la puerta del servicio y entra la policía del aeropuerto. 1378 coge de la mano a su compañero y desaparecen en un flash mientras cae la última luz de neón de los baños y la policía abre fuego disparando al vacío.








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