8 de junio de 2016

Crónicas Roleras: HITOS: Olvidados en la Galia



Olvidados en la Galia

Juego: Hitos
Fecha: 30-4-2016
Pjs: Publio Decio (Adrián), Lucio Voreno (Alberto Carpintero) y Vercasivelauno (Ángel)
Anuncio. “No hubo ese invierno prácticamente pueblo galo alguno que no fuese sospechoso a nuestros ojos. Y no sé si esto debería parecer extraño, porque, entre otros muchos motivos, sobre todo les resultaba insoportable que quienes por su valor en la guerra eran superiores al resto de razas hubieran decaído en su reputación hasta el extremo de soportar el dominio del Pueblo Romano [...] Aproximadamente quince días después de la llegada a los campamentos de invierno se produjo un repentino levantamiento […] tras caer por sorpresa sobre los leñadores, se presentaron con una tropa numerosa ante el campamento, con intención de atacarlo […] se había fijado ese día para atacar todos los cuarteles de invierno de César, de modo que ninguna legión pudiera acudir en auxilio de otra; además de todo aquello, un gran contingente de mercenarios germanos había cruzado el Rin y se hallaba a dos días de camino”.
Julio César. Comentarios a la Guerra de las Galias
Una aventura de hitos del infame Echavarren para cuatro jugadores basada en un episodio real de la guerra de las Galias, donde se cita por primera vez a los centuriones Tito Pullo y Lucio Voreno. Los jugadores interpretarán a soldados romanos o auxiliares en una aventura de supervivencia contra un enemigo aplastantemente superior a miles de kilómetros de la provincia romana más cercana. 


Amanece en el norte de la Galia
Julio César ha acabado su campaña contra Britania y tras cuatro años batallando en la Galia, está pacificada. Dado que este ha sido un año de malas cosechas, César decide dividir a sus legiones en distintas zonas para acuartelarse de cara al invierno. Los restos de la legión VIII y cinco cohortes recién reclutadas han sido destinadas bajo el mando de los legados Quinto Titurio Sabino y Lucio Aurunculeyo en territorio de los eburones, en la Galia Belga. Es el invierno del 54 A.C.
Quince días después de instalar el campamento, el tribuno Publio Decio da un paseo a caballo por los alrededores junto al rehén que han enviado los arvernos, el príncipe galo Vercasivelauno. Más allá, en una de las praderas anexas al campamento, la cohorte bajo el mando del centurión Lucio Voreno se ejercita mientras una fría lluvia ligera lo va empapando todo. A lo lejos, se observa una masa humana que avanza hacia el campamento. Pronto los ojos expertos del galo distinguen a una turba de belgas a caballo. Los dos regresan al campamento y allí se libra una batalla donde un desprevenido ejército romano hace frente a unos 5.000 eburones al mando de su mismísmo rey, Ambíorix.
Todos luchan con valentía, incluido el tribuno Publio Decio, que es la primera vez que asiste a un combate. Su tío en el senado de Roma lo recomendó a César para que iniciara una carrera militar imprescindible para el cursus honorum romano. También lucha con denuedo Vercasivelauno, sabedor de que su primo Vercingetórix está preparando una verdadera rebelión de la Galia contra los romanos,
y que odia a los germanos (y los belgas con galos germanizados) aún más que a los hijos del Tíber. Lucio Voreno, efectivo y profesional, distribuye a sus hombres atendiendo al protocolo militar, añorando los tiempos donde servía con Pompeyo Magno recorriendo Asia Menor y batallando contra verdaderos enemigos, no contra bárbaros pintados de azul y con los cabellos en punta. Finalmente, los galos retroceden. La caballería auxiliar hispana aprovecha para matar a todos los belgas posibles, pero pronto se esconden en los bosques inaccesibles y deben volver.

La tregua
Al poco, el propio rey Ambíorix propone un parlamento a una distancia de seguridad del campamento. Publio Decio como oficial romano, Vercasivelauno como traductor y Voreno como
protección se acercan a escuchar lo que el monarca de los eburones tiene que decir. En terreno neutral, Ambíorix habla con los romanos. Les dice que le debe mucho a César, que le liberó a hijo y sobrino de la esclavitud a la tribu vecina de los atuátucos, pero que se ha visto obligado a hacer la guerra porque se ha acordado en toda la Galia en una conferencia secreta. Que él ya ha cumplido con su deber de patriota, y que ahora por sus lazos de amistad les pide a los romanos que se vayan antes de que llegue un enorme contingente de germanos mercenarios que se acerca y está a dos días, y que vayan a reunirse con las legiones de Labieno o con Cicerón, cada uno de los cuales está a unos cincuenta mil pasos. Él les promete y garantiza paso franco y les mostrará las formas de pasar inadvertidos por las montañas.
Ya en el campamento, Publio Decio y Lucio Voreno acuden al consejo de guerra con el resto de tribunos, los dos legados y los principales centuriones para debatir las acciones a tomar. “Lo que más les desconcertaba era que apenas se podía creer que un pueblo oscuro y pequeño, el de los eburones, se hubiera atrevido, por su propia iniciativa, a coger las armas contra el Pueblo Romano”, dice César en sus Comentarios a la Guerra de las Galias. En el debate se evidencia que los dos legados tienen opiniones encontradas: Sabino es partidario de abandonar el campamento mientras que Aurunculeyo Cota aboga por
quedarse en el campamento y seguir las órdenes de César. Un brillante discurso del orador Publio Decio lleva a convencer a la mayoría de los presentes de que lo mejor es quedarse. Aparentemente derrotado, Sabino abandona la estancia. Mientras ellos debaten sus opciones, a los pocos minutos una turba de soldados, formada en gran parte por los nuevos reclutas, y dirigida por el legado Sabino, exige abandonar el campamento ante la inminente llegada de los germanos. Para evitar el estallido de una revuelta, Aurunculeyo da su brazo a torcer y todos se preparan para dejar el campamento. Es la decisión que acaba de condenar a la VIII Legión.

El final de la VIII Legión

Es entrada la noche cuando la legión abandona el campamento y se interna en los bosques en dirección al territorio donde acampan las tropas del legado Quinto Cicerón. A las pocas horas, Ambíorix y sus belgas cae sobre la larga columna de marcha y los legionarios se ven obligados a luchar sin poder hacer uso de su superior táctica militar. Ahora son unos 10.000 los galos que atacan, pero sin embargo ni aún así logran romper las líneas romanas. Sabino ordena entonces a sus hombres que se agrupen por manípulos y cohortes y dejen toda su impedimenta, todos sus enseres personales, en territorio de nadie. César dice al respecto: “además, sucedió algo inevitable: por doquier los soldados rompían la formación y cada uno se afanaba por buscar y llevarse de la impedimenta las cosas que más estimaba, y todo se llenaba de gritos y de lamentaciones”. Publio Decio convence merced a futuras promesas a un legionario de la cohorte de Voreno para que se arriesgue y le recoja sus fardos con papiros. Los galos cambian de táctica y comienzan a lanzar dardos a los romanos, que van cayendo poco a poco, pero sin romper sus líneas. En esa tesitura, Ambíorix acuerda una tregua con Sabino, pero en el parlamento aprovecha para matarlo. Al poco, muerte el otro legado de un dardo en el cuello. “En ese instante proclaman a grandes voces su victoria y estallan en alaridos, según es su costumbre, y, lanzándose al ataque contra los nuestros, desbaratan las líneas”.
A partir de ese momento, comienza la matanza. El centurión Tito Pullo y Lucio Voreno se hablan para salvar a sus manípulos, y en lugar de hacer desbandada permanecen unidos en un testudo retrocediendo lentamente. Así logran salvar unos 150 hombres. Desde lo alto de una loma, observan la catástrofe. Una treintena de legionarios ha logrado volver al campamento, pero tras repeler a los belgas, comienzan a suicidarse hasta que no queda nadie vivo. Los últimos legionarios de la VIII legión comienza a avanzar en silencio hacia el campamento de Quinto Cicerón. También Ambíorix y sus hombres hacen lo mismo.
El asedio de la IX Legión
Tres días después los ciento cincuenta legionarios llegan malheridos al campamento del legado Quinto Cicerón, hombre de cierta edad hermano del famoso orador, que asombrado los recibe. Al
poco, un gran contingente de galos se acerca en son de guerra. Además de los eburones, los atuátucos se unen, y los nervios han convocado a los ceutrones, grudios, levacos, pleumoxios y geidumnos. Son más de 60.000 guerreros, enfebrecidos por la reciente victoria. Una vez más, se ofrecen a parlamentar ofreciendo paso franco a los romanos, explicando que realmente no quieren la guerra con Roma sino que abandonen la costumbre de tener campamentos de invierno en sus territorios, algo que encuentran ofensivo. Pero en esta ocasión, la presencia de Voreno y de Decio hace imposible todo entendimiento. Ellos en primera persona han sido testigos de la doblez del rey Ambíorix. Aconsejan fervientemente a Quinto Cicerón que no haga caso a los galos y que resista en el campamento. Cicerón sigue su consejo y la legión se prepara para un largo y duro asedio.
Pronto los galos atacan, son muchos en número, pero el campamento resiste a pesar de algunas bajas. Pero tan solo ha sido una prueba de fuerza para detectar debilidades en la legión y las estructuras del campamento. A continuación los bárbaros comienzan a fabricar torres de asedio y escorpiones, una tecnología que los romanos nunca habían visto hasta ahora en sus campañas. Por lo que se ve, los galos han ido aprendiendo a lo largo de los años de contacto con los romanos. Ante esta tesitura, y conociendo el carácter voluble y fácilmente impresionable de los guerreros celtas, Lucio Voreno propone al legado una salida nocturna para aumentar la moral de las tropas romanas y para debilitar la de los galos. El legado acepta, pero en el último momento, la persona al mando es el tribuno Publio Decio, que se propone a sí mismo dado que las tropas que van a efectuar la maniobra son los restos de la VIII Legión y él es el único oficial que queda vivo. Esa decisión tendrá penosas consecuencias.
Un mensajero para César
Esa noche los ciento cincuenta legionarios se arrastran entre los matojos para atacar al campamento galo. Los guerreros están bebiendo y comiendo en auténticos banquetes, riendo ante la esperanza de una inminente victoria. Para desgracia de los legionarios, el tribuno Publio Decio ha planeado el ataque por el costado donde los galos han almacenado su ganado. Cuando comienza el ataque, las vacas comienzan a causar más confusión entre las filas romanas que entre los galos, que enseguida reaccionan. Y aunque los legionarios se conducen con valor y arrojo y logran muchas bajas entre el enemigo, apenas un puñado regresa vivo al campamento.

Pasan los días y los ataques se van haciendo más intensos, mientras la construcción de las torres de asedio y los grandes arietes está pronta a concluir. Estando reunido el consejo de guerra del legado Quinto Cicerón, Lucio Voreno se propone como voluntario para llevar un mensaje a César avisándole de la peligrosa situación en la que se encuentran. Todos los anteriores han sido capturados y torturados a la vista de los legionarios, pero todos saben que tarde o temprano los galos romperán las defensas romanas y acabarán con todos. Voreno tiene la apariencia de un galo, y Vercasivelauno ofrece a su esclavo como guía para el romano. El legado acepta con pesar, y decide que en el siguiente asalto galo, Voreno, ataviado como un guerrero belga, y el esclavo, intentarán atravesar las filas bárbaras y llegar hasta Julio César.
Asalto total
Esa noche los galos avanzan con todo su poder, con las torres completadas, los arietes y los escorpiones. Los sesenta mil guerreros se lanzan con gritos de guerra temibles a las empalizadas romanas en una riada incontenible. Nuestros héroes combaten ferozmente acabando con guerreros pintados de azul una y otra vez, hasta que el calor y la luz intensa acompañada de humo sofocante hacen evidente que ha estallado un incendio en el campamento. Algunos legionarios avisan que los galos han logrado entrar y que están condenados. Es el momento de huir o de quedarse y morir.
Voreno no tiene ninguna duda, como tampoco la tiene el tribuno descendiente del héroe Publio Decio Mus, ni el príncipe galo, que odiaría rendirse a galos germanizantes como los belgas. Los romanos resisten y Voreno una vez impartidas las órdenes pertinentes, corre hacia la parte del campamento en llamas. Pero pronto se tranquiliza al ver que ha sido un incendio casual en la batalla, pero que los galos no han penetrado en el recinto. “Ellos [los galos] comenzaron a lanzar con las hondas proyectiles incandescentes de arcilla reblandecida y dardos encendidos sobre los barracones, que, de acuerdo con la costumbre gala, estaban recubiertos de paja. Rápidamente prendió en ellos el fuego, y con la fuerza del viento se esparció por todo el campamento. Con un gran clamor, como si ya hubieran conseguido la victoria y ésta fuera cosa hecha, los enemigos comenzaron a avanzar con todas las torres y testudos, trepando a la empalizada por las escalas”. Sin embargo, los legionarios resisten. Entre la confusión, Voreno y el esclavo se confunden con los galos y desaparecen en la noche.
El fin del cerco
Lucio Voreno y el esclavo logran escapar con grandísima dificultad, estando a punto de ser capturados en multitud de ocasiones. Pasan los días y los romanos se preguntan si los dos mensajeros habrán podido romper el cerco y encontrar a César, y si la ayuda llegará a tiempo. Casi ha pasado un mes desde el inicio del asedio y cada día hay menos legionarios aptos para la lucha. Voreno logra acceder al campamento de Cayo Julio César tres días después. Se presenta en su tienda sucio y con ropajes bárbaros. El general apenas levanta la vista con disgusto mientras escribe en una tablilla. “César recibe la noticia hacia la hora undécima del día. Al punto envía un mensajero a Marco Craso, en el territorio de los belóvacos, cuyo campamento distaba del suyo veinticinco mil pasos. Le ordena que a medianoche se ponga en camino con la legión y acuda rápidamente junto a él. Envía otro al legado Cayo Fabio, para que lleve su legión al territorio de los atrebates, por donde sabía que tenía que pasar”.
 enfrenta a más de cincuenta mil galos. Pero los legionarios de la IX Legión tienen confianza absoluta en la victoria. Y así es. Tras una ardua batalla, los galos son repelidos. En el campo de batalla Voreno se abraza emocionado con el centurión Tito Pullo, antiguo rival de la VIII Legión. Publio Decio sonríe al César tras la victoria en lo que es su primer bautismo de guerra en campo abierto. El único que mira al horizonte es el príncipe galo Vercasivelauno, sabedor de que pronto se alzará un ejército de proporciones colosales en la Galia y todos los romanos serán pasados a cuchillo.

Un mes después del asedio, Quinto Cicerón y los hombres de la IX Legión tienen noticias de que César se acerca. Con grandes gritos de júbilo se aprestan a organizar una salida y auxiliar al general romano, que tan solo ha podido reunir dos legiones y se enfrenta a más de cincuenta mil galos. Pero los legionarios de la IX Legión tienen confianza absoluta en la victoria. Y así es. Tras una ardua batalla, los galos son repelidos. En el campo de batalla Voreno se abraza emocionado con el centurión Tito Pullo, antiguo rival de la VIII Legión. Publio Decio sonríe al César tras la victoria en lo que es su primer bautismo de guerra en campo abierto. El único que mira al horizonte es el príncipe galo Vercasivelauno, sabedor de que pronto se alzará un ejército de proporciones colosales en la Galia y todos los romanos serán pasados a cuchillo.

7 de junio de 2016

Actividades del 6 al 12 de junio

Saludos socios y amigos. Volvemos con nuestro boletín de actividades con la primera semana completa en junio. Ésta semana volvemos con mucho rol para todos y además seguimos con la 6 temporada de Juego de Tronos.
Recordad que durante la semana se actualizan las actividades. No dejéis de visitar www.rolsevilla.net/eldirigible para estar al día de las actividades.

Martes, 07 de Junio.

HORA: 21:30.

CINE: Juego de tronos temporada 6 - Capítulo 7, "The Broken Ma" 
Evento Público. 30 plazas libres


Organizador: Adrian Jimenez