12 de noviembre de 2015

Crónicas roleras: Hitos- La Patrulla Extraordinaria: El ladrón de estatuas; por el Infame Echavarren

El ladrón de estatuas

Juego: Hitos
Fecha: 29-10-2015
Pjs: Jean Valjean (Arturo Prada), La Mujer Pantera (Cristina Voada), Sherlock Holmes (Iván) y el Conde de Montecristo (Jaime Vives)

Reencuentros a cuatro bandas
Sherlock Holmes ha dejado pasar tres semanas después del último encuentro con la bella Irene Adler sin profundizar en el caso que ella le encargó la última vez, pero que no le explicó. Para probar sus
 dotes deductivas, le hizo entender que le pagaría muy bien si resolvía un caso, pero no le dijo cuál era su contenido porque era obvio. Hoy Adler ha enviado una pequeña nota al detective de Baker Street para quedar a tomar un té en la cafetería del hotel Ritz para que le cuente sus progresos. Holmes recupera el diario de aquel día para intentar deducir qué es lo que debería investigar. Recordando la ropa que la enigmática joven llevaba puesta aquel día, le parece que en ese conjunto debería haber un collar. Suponiendo que entonces debe buscar una noticia de un collar en el periódico de aquella mañana, encuentra una noticia que se refería a una próxima visita de un collar de brillantes indio que se exhibiría en el plazo de un mes en una galería de un banco local. Pero a pesar de que cree que ese es el caso, otra noticia le llama mucho más la atención: se trata de un grupo conocido como Liga de los Pelirrojos, que buscan al mayor pelirrojo de Londres para entregarle un premio.



Espoleado por su interés en los casos extraños, Sherlock se dirige a la sede de la curiosa Liga, donde encuentra a un hombre escribiendo a mano en un piso sin más personas, con varias estanterías llenas de libros. El hombre explica al detective que es el ganador del premio de la Liga, pero para que se lo paguen, el fundador del filantrópico grupo dedicado a proteger a los pelirrojos allá donde habiten, dejó claro que debe transcribir la enciclopedia británica. Todavía le faltan la mitad de los volúmenes, y eso que trabaja prácticamente todo el día allí. Holmes le explica que la Liga no es trigo limpio, porque la placa de la puerta y del buzón indica que lleva allí menos de mes y medio. El pelirrojo, irritado, amenaza con echarlo a la calle, pero Sherlock se va tomando buena nota del barro de sus zapatos, para poder deducir cuál es el barrio donde vive. Corriendo acude a la cita con Irene Adler, que le recibe con un beso en la mejilla, muy cerca del cuello, que casi le corta la respiración. Sin embargo, ella tiene que salir unos minutos, ocasión que aprovecha un Viajero del Tiempo que convoca a Sherlock a otra misión.

Irena, la Mujer Pantera, está hablando con su directora de campaña en la sede del Partido Sufragista de Nueva Inglaterra, que le dice que la encuesta que han pagado indica que están en una situación de empate técnico con el Partido Radical para las elecciones municipales al distrito. La directora de campaña propone que deberían buscar en el pasado de Lerroux, el candidato Radical, para poder estropear su imagen y ganar puntos en la recta electoral final. Irena da su consentimiento cuando entra en la sede Esperanza Gálvez, la ilustradora del partido, que intentó besarla hace unas semanas. Pronto las dos se quedan solas en la sede e Irena intenta normalizar su relación, pero la mexicana se niega. En ese momento, una luz proveniente de las escaleras del edificio de la sede hace entender a la Mujer Pantera que el Viajero del Tiempo ha llegado de nuevo a llevársela a otra misión heroica. Irena deja la habitación con la excusa de ir al servicio, pero Esmeralda desconfía y la sigue. Así ve entre las sombras de la escalera el encuentro de la líder del partido y un extraño hombre que la invita a montarse en una máquina de aspecto extraño para viajar al futuro. Cuando los dos se montan y comienzan a accionar la máquina, ella salta a su interior y los dos no tienen más remedio que llevársela consigo al siglo XXXIII.

Jean Valjean es el orgulloso alcalde de la ciudad donde ha decidido ocultar su vida anterior con el nuevo nombre de Monsieur Magdalena. Como todas las tardes, visita su fábrica de telas y saluda a las modistas, para departir con el capataz. Sin embargo nota que una de las empleadas, con la que tuvo un percance en una de sus visitas, ya no está trabajando en el local. El capataz le explica que la tal Fantine ha vuelto a su pueblo natal para trabajar como criada de un aristócrata. En su lugar, el capataz ha contratado a una joven a la que insinúa que paga menos. Valjean exige que se le pague lo que merece, como a todas, e insiste en ver su contrato. Pero mientras el capataz lo busca, enseguida surge un problema en una de las alas de la fábrica, y el capataz sonríe sabiendo que Valjean olvidará todo lo referente al contrato, pues es un hombre muy distraído.

Tras una dura jornada en el taller, Valjean sale a pasear, y deambulando llega a un barrio menos privilegiado donde encuentra a una mujer que pide limosna casi desfalleciente. Guiado por su corazón de buen samaritano, intenta ayudarla, cuando un truhán del barrio se acerca a ella para ofrecerle una moneda a cambio de sexo. Valjean se indigna, pero él le explica que ella es prostituta. La discusión comienza a calentarse hasta que el truhán saca una navaja, pero Valjean no se intenta defender sino que le explica que es el alcalde de la ciudad y que se está buscando la ruina si persiste en su actitud. La bravata funciona y el truhán huye, mientras Valjean llama a la puerta de la iglesia y ofrece al sacerdote dinero suficiente para que la cuiden. La joven se lamenta de su suerte y culpa a Valjean de todo, revelándole que trabajó para él hasta que la echó a la calle y su situación económica empeoró hasta verse obligada a vender su cuerpo. Desmayada, el sacerdote le indica que su enfermedad es tan grave que morirá en breve plazo. Tras hacerle unas primeras curas con un galeno de su confianza, un estallido de luz en la iglesia cuando está solo deja paso a la materialización de una extraña máquina. De su interior un hombre que se autodenomina Viajero del Tiempo le pide que se una a un grupo de héroes, y que merced a su ayuda podrá obtener una cura para la joven.

Edmond Dantès, conocido como el Conde de Montecristo, ha adquirido una casa en París como centro de sus operaciones. Lleva varios días con un proyecto, que es dibujar los planos de su adorado barco “Faraón”, que planea reconstruir en Grecia y hacer que vuelva triunfante al puerto de Marsella como si nunca se hubiera hundido. A pesar de haberlo montado y desmontado una y otra vez en prisión, a la hora de dibujar el plano ha encontrado varias lagunas, pero precisamente ese día ha logrado terminarlo. Eufórico, ordena a su criado italiano Petruccio que prepare todo para una gran fiesta que dará en esta mansión para presentarse a la sociedad parisina. El criado asiente y le entrega a Dantès la dirección de su amada Mercedes, fruto de sus averiguaciones. 

Edmond se disfraza de corredor de seguros y se encamina a la mansión de Mercedes, que se ha casado con uno de sus antiguos amigos de los que ansía vengarse. Espera a que éste, procurador real, deja la casa, para presentarse. Pronto le franquean la entrada, pero cuando Mercedes lo recibe parece desencantada, como si esperara a alguien más, e intenta que se vaya de la casa cuanto antes. Al poco una persona llama y pide una recepción, y la madura pero atractiva mujer se despide del disfrazado Dantès, que se cruza con el misterioso hombre, de trazas indudablemente delincuentes. Pronto deduce que Mercedes está siendo chantajeada por ese hombre. Decide esperar en un callejón para averiguar más, cuando un estallido de luz a su espalda le hace girarse, y ve cómo una extraña máquina aparece de la nada. De allí salta un hombre que lo invita a viajar al futuro y unirse a un grupo de héroes conocido como la Patrulla Extraordinaria. Para animar al Conde a tan extraña empresa, le entrega un sobre con los datos bancarios de uno de sus enemigos.

En el siglo XXXIII
El Viajero del Tiempo ha llevado al grupo a Los Ángeles en el siglo XXXIII para que prosigan su entrenamiento. La ciudad ha cambiado muchísimo, y se ha convertido en una villa de pocos miles de personas viviendo en casas de piedra encalada. La  tecnología es variopinta, si bien a nivel militar disponen de pistolas láser, naves y robots  gigantes, a nivel de medicina están tan atrasados con en la época de Valjean. Con la caja llena de inyecciones de penicilina que el Viajero entregó a Valjean, el alcalde francés se dedica a recorrer la ciudad y curar a los enfermos. Allí es cuando entabla amistad con el Conde de Montecristo en las semanas que siguen. La Mujer Pantera se entrena con el contacto del Viajero, un héroe que responde al nombre de Buck Rogers. El piloto, que participó en la Gran Guerra y luego cayó en un estado de criogenización hasta despertar en este siglo, se ofrece a enseñar esgrima a Irena. En uno de los entrenamientos Buck llega a besar a la joven serbia, que responde con ardor a su lance amoroso logrando conservar la calma suficiente para no transformarse, gracias al entrenamiento en meditación que recibió en Sangri-La [como se vio en La venganza del abominable hombre de las nieves].

Sherlock Holmes aprovecha para aumentar su cultura consultando las ricas bibliotecas de la ciudad. El Conde pregunta a Rogers para qué utilizan esos robots gigantes, y el piloto le aclara que son conducidos por soldados desde su interior, y se han construido para luchar contra los khanes en la gran guerra que están manteniendo desde hace años y que ahora, gracias a su presencia, se está ganando. Los dos héroes tienen un pequeño encontronazo verbal al respecto de cuál es el cariz que debe tomar una guerra: el Conde ofrece una perspectiva más idealista y caballeresca, pero Buck Rogers se muestra más descarnado. Esmeralda también se ha unido al grupo, aunque la Mujer Pantera la esquiva constantemente considerándola un estorbo. El Viajero del Tiempo reúne a los miembros de la Patrulla Extraordinaria para explicarles el contenido de su próxima misión. En 1914, a pocos días de que se inicie la Gran Guerra, alguien ha robado la estatua de Nelson en la plaza de Trafalgar. El gobierno del Imperio está muy preocupado por la ausencia de este símbolo de resistencia y ha contactado con el Viajero y la Patrulla para poder encontrarlo. Actuarán como agentes del Imperio Británico. Al parecer La Liga de los Hombres Extraordinarios [con la que hubo ciertos roces, como se vio en S.O.S En el Pacífico Norte] no se encuentra operativa en 1914, por lo que dice vagamente el Viajero sin entrar en más detalles.

Buscando ladrones
El Viajero del Tiempo transporta a la Patrulla y a Esmeralda al Londres de 1914 para proceder a solucionar el extraño misterio. Irena intenta convencerlo de que transporte a la ilustradora feminista a su época (y que le provoque algún tipo de amnesia), pero el Viajero decide posponerlo. El dúo francés y la Pantera Negra deciden entrevistarse con el alcalde de Londres, que recibe a los miembros de la Patrulla muy preocupado. La estatua fue robada la noche anterior. Sherlock decide investigar la escena del crimen, ayudado por un pequeño globo, dado que la estatua se erguía sobre una columna de 45 metros. El alcalde sugiere al grupo 

que se entrevisten con un colaborador del gobierno,  un antiguo criminal llamado James Moriarty y conocido con el sobrenombre de “el Napoleón del crimen”, un hombre que casi tiembla de odio al pronunciar el nombre de Holmes, que no se encuentra con la Patrulla en ese momento. El grupo sigue su consejo y el anciano Moriarty les ofrece su versión de cómo habría llevado a cabo él el robo. Proporciona tantos detalles que algún miembro del grupo desconfía de que no haya sido él mismo el autor. Pero el anciano parece inocente de ese delito. Se ofrece a colaborar más, pero a cambio de que permitan que su sobrino les acompañe, para que se bregue en estas lides.

Parte del análisis de salón que ofrece el anciano Moriarty encaja con las averiguaciones del detective de Baker Street, que observa unas marcas en la columna que le hacen pensar que la estatua fue robada utilizando un globo aerostático, aprovechando la noche nublada. El Conde de Montecristo y la Mujer Pantera buscan en todas las empresas que  alquilan o venden globos aerostáticos, y dan con un nombre sospechoso. Un tal James Olsen alquiló un globo hace dos días, y pagó en oro de una gran calidad. Inspeccionando el globo, les parece que contiene pruebas que lo podrían incriminar. Entretanto, Jimmy Moriarty, el joven sobrino del afamado criminal, se ha reunido con Sherlock Holmes y entre los dos han logrado localizar a un ladrón de guante blanco que se encuentra en un hotel londinense. Si Arsenio Raoul Lupin no ha estado implicado en el robo, quizás sepa quién ha sido. Lo encuentran en su habitación de hotel y tras una breve conversación, confiesa que conoce a quién ha robado la estatua, pero no se lo dirá a unos agentes de la ley. Intenta entonces escapar, pero entre los dos genios de la deducción lo logran atrapar. Moriarty lo sujeta por la pierna y Sherlock dispara una pistola lanzaredes que recogió del siglo XXXIII. Así atrapado confiesa elegantemente, y ofrece un nombre: Carmen Sandiego.



El Conde de Montecristo ha decidido buscar por su cuenta en los barrios bajos londinenses. Entre las prostitutas del East End cree que podrá encontrar información, pero cuando parece que ha encontrado a un buen informante, ésta se da la vuelta huyendo ante la visión de una mujer de gran atractivo vistiendo un llamativo traje rojo con sombrero de ala ancha. Se presenta como Carmen Sandiego, ladrona excepcional. Carmen niega haber robado la estatua, pero afirma conocer a quien lo ha hecho, y saber qué otras estatuas robará a continuación. Pero tras una breve conversación, decide darse a la fuga, y el Conde se ve obligado a disparar. Ella cae abatida, y cuando él se acerca a ver su estado, se revuelve y lo apunta con sus pistolas, aunque el francés reacciona rápidamente y desenfunda a su vez. Ella entonces explica que un hombre llamado James Olsen le había pedido consejo. Él quería robar una serie de estatuas de hombres con mando, y le pidió un listado. El primero fue Nelson. Sin embargo, antes de que el Conde pueda averiguar más, Carmen se fuga tras darle un beso.

El monarca de París


La Mujer Pantera y Jean Valjean se acercan al piso de James Olsen. Se trata de una vieja buhardilla, donde la puerta está abierta. Dentro, encuentran a un ladrón que intenta escapar, pero es convenientemente retenido. Confiesa ser uno de los integrantes de la banda que robó la estatua de Nelson. La mayoría de los integrantes ha partido a Francia junto con Olsen, pero algunos, como él, dejaron el trabajo. Como Olsen les pagaba con oro de gran calidad, el ladrón ha venido a la morada de su antiguo jefe por si hubiera algo de valor que pudiera robar. No hay nada de interés para él, pero los héroes encuentran fotos y dibujos que les permiten pensar en los siguientes sitios que va a intentar robar: París, el David en Florencia, y Ramsés II en Egipto. Con esa información, la Patrulla deja Inglaterra en un ferry de camino a Francia, el hogar de dos de sus miembros, dejando atrás al Viajero y a Jimmy Moriarty.
En París los héroes no saben cuál es la estatua que robará la banda de Olsen. Son los franceses los que definen cuáles pueden ser los objetivos más preciados para los ladrones. Valjean y Sherlock deciden proteger el Louvre, disponiéndose en dos salas distintas. Valjean está seguro de que intentarán robar la estatua de Tutmosis. Como enviados de Su Majestad, las autoridades del museo les dan todo tipo de facilidades, y  los dos héroes se esconden en las sombras acechando en la oscuridad de la noche. Por su parte, el Conde y la Mujer Pantera custodian la estatua ecuestre de Napoleón en los campos elíseos. El Conde tiene algo personal contra Napoleón, y se disfraza de mendigo siendo flanqueado por la Mujer Pantera que espera entre las sombras de los árboles. Y sin embargo… ninguna de esas estatuas es la que esa misma noche roban los ladrones, sino la de Carlomagno, realizada en 1882 y de cinco metros de altura, que reposaba frente a la catedral de Notre Dame de París.


La réplica del David de Miguel Ángel
La Patrulla ha sido burlada, pero saben exactamente cuál será el siguiente objetivo de los ladrones: el David de Miguel Ángel. Los héroes viajan en tren a través de Francia repasando sus errores y valorando sus opciones. Una vez en Florencia, los cuatro héroes y Esmeralda observan la estatua del David que descansa en su pedestal en la plaza frente al museo de los Medici. Debería ser una réplica, y la original estar siendo custodiada en el museo, pero la Patrulla no está segura de ello. Esmeralda prueba ser útil como estudiosa del arte, y verifica que efectivamente se trata de una réplica. Los héroes tienen entonces una idea: sustituirán la estatua original por la réplica. Para ello, el Conde soborna al director del museo con una gema de su nutrido tesoro, y en apenas un par de horas se logra el traslado, efectuado con la máxima discreción. Los cuatro héroes deciden entonces dividirse en el museo para abarcar el máximo número de 

espacios. El Conde baja a las alcantarillas, que tienen una salida justamente bajo el  museo, mientras que Valjean y Sherlock vigilan la sala del David, uno escondido, y el otro disfrazado de guardián. Sherlock no puede evitar gastarle una broma al francés pidiéndole la documentación fingiendo haberlo confundido con un ladrón, en su papel de guardián del museo perfectamente caracterizado. Pero nada de ello resulta, porque a medianoche Esmeralda entra en la sala y advierte a los héroes de que están robando la estatua de la calle. La que se suponía que era la réplica, pero ha acabado siendo el original. Los héroes se quedan petrificados al ver que los ladrones han tendido un cabo desde un globo, y la estatua ha cobrado vida y ha subido por sus propios medios trepando por la cuerda. El director del museo se desespera, y el Conde jura venganza. Y su venganza, es siempre terrible.


La batalla final en una isla turca
Los héroes vuelan en un biplano hasta una isla turca con intención de interceptar a los ladrones antes de que lleguen a Egipto. Una vez en la isla, el gobierno turco permite a los héroes que recluten una
patrulla, gracias a los buenos haceres de Valjean. Viajando en un camión militar con una pesada ametralladora, la Patrulla y un destacamento turco atraviesan la isla hasta un puerto natural donde los ladrones esperan a un barco para partir a Egipto. Sin embargo, los héroes llegan a tiempo antes de que huyan. Cuentan con diez soldados, pero Olsen tiene a diez sicarios, además de tres estatuas animadas de cinco metros cada una: Nelson, Carlomagno y David. Olsen advierte a la Patrulla que están a punto de ser eliminados, y saca una extraña pistola futurista con la que, suponen los héroes, ha animado a las estatuas.

Todos se lanzan contra todos. Las estatuas van acabando con los valientes soldados turcos, mientras los héroes se lanzan hacia otros objetivos. Valjean atraviesa la vorágine de lucha para saltar sobre Olsen, que dispara irracionalmente contra el agua con su extraña pistola. El Conde parece huir cuando trepa al camión militar y monta la ametralladora pesada, dirigiéndola contra Carlomagno, que a lomos de su caballo de bronce siega a los soldados con su espada. La Mujer Pantera se lanza sobre los sicarios, acabando con muchos de ellos con sus garras y dentelladas. Sherlock intenta, disfrazado de mendigo turco, dar un rodeo y sorprender a Olsen por la espalda. Valjean forcejea con su gran fuerza con el ladrón, que pierde su pistola en la arena. Pero pronto todos se sorprenden al ver que Olsen asume la forma del mismo Valjean, y comienza a estrangularlo.

El David recoge una piedra del suelo, del tamaño de un coco, y la arroja con su fuerza sobrehumana contra Valjean, pero falla y alcanza a Olsen, metamorfoseado en el alcalde francés. Jean aprovecha para dejar inconsciente a su enemigo, que revela su verdadera forma, la de un guerrero extraterrestre Skorpi. La siguiente roca de David sí acierta en la 

 espalda al prófugo galo, que cae con costillas rotas quejándose de dolor. Sherlock aprovecha la confusión para cobrar su pistola de animación, percatándose de que la superficie del agua donde había disparado el Skorpi está burbujeando. Mirando al herido Valjean, los dos caen en la cuenta de qué es lo que pugna por salir a la superficie, recordando que la isla turca que pisan es la isla de Rodas. Eso solo puede significa que el Coloso de Rodas pronto hará su aparición. El afamado detective toma sin embargo una decisión errónea rompiendo la pistola con una piedra, tras disparar con su pistola lanzaredes al Skorpi para asegurarse de que no huya.

El Conde dispara su ametralladora contra Carlomagno, clamando venganza, arguyendo que es una estatua de arte moderno [recordemos que el Conde vive más de cincuenta años antes de la creación de la estatua]. Carlomagno carga contra él, pero logra esquivar 

 la hoja de bronce y disparando su ametralladora, acaba con la estatua. Los sicarios terminan por huir al ver a su líder caído y la matanza que está logrando la Mujer Pantera, y es cuando Nelson la ataca al considerarla el enemigo a batir. Falla al intentar atravesarla con su espada, y eso irrita a la pantera que se lanza contra él luchando con garras y colmillos. Cuando parece desfallecer, ¡otra mujer pantera aparece en escena! Se trata de un jaguar místico, jaguar que todos identifican rápidamente como el avatar de Esmeralda Gálvez. Entre las dos mujeres pantera pronto logran acabar con la estatua de Nelson.

El herido Valjean le pide la pistola al detective e intenta reconstruirla, mientras el David arroja otra piedra, y alcanza al detective. Pero el industrial francés logra con la ayuda de Holmes reparar la pistola, y cuando la estatua se agacha para recoger otra piedra, le dispara con el arma y le arrebata la chispa de vida. El David será entonces la única de las tres estatuas en regresar entera a su hogar, si bien en una postura totalmente distinta. Es entonces cuando del agua emerge una estatua de 32 metros, el Coloso de Rodas. Que atravesando la escena de la batalla sin reparar en ninguno de los héroes, se dirige a completar la misión para la que fue despertado, la destrucción del mayor número posible de seres humanos. Valjean le dispara con su pistola esperando congelarlo, pero la energía de la pistola se ha acabado, y el gigante parte sin remisión. Pero en ese momento, un brillo muy característico inunda la escena, y el Viajero vuelve con la Patrulla para ayudarles en su momento de mayor necesidad. Pero no viene solo, sino que trae consigo un robot gigante, uno de los Centinelas del siglo XXXIII con los que Buck Rogers y los estadounidenses del futuro batallaban contra los khanes.



To be continued

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