17 de octubre de 2015

Crónicas roleras: Hitos- Fort apache devorado, por el infame Echavarren

Fort Apache devorado

Juego: Hitos
Fecha: 8-10-2015
Pjs: Beatrice Jackson (Alberto), Edward Harrier (Cristina Voada) y Lucas Armitage (Pablo Domínguez)

Camino a Fort Apache y la trampa mexicana

Hace varias semanas desde que se perdió contacto con Fort Apache, el fuerte más alejado del séptimo de caballería, en la frontera apache. Los correos solían ser semanales. El coronel Jackson decide enviar un destacamento al mando del teniente Harrier para averiguar qué ha sucedido. Lo acompañan su prometida, la hija del coronel, Beatrice Jackson, el doctor Armintage y el guía trampero Stirling “lengua amarilla”, además del sargento Krugger y 30 soldados. La mayoría de esos soldados son desertores, pequeños rateros, o militares con problemas de diversa índole y muy baja motivación. Sin embargo, todos adoran a Beatrice Jackson [merced a una buena tirada y el gasto de un PD].

Falta apenas una jornada a buen paso para llegar al campamento, cuando el teniente ve un sombrero vaquero en mitad del camino. Se detiene a observarlo indicando al resto de la tropa que prosiga su avance, mientras el guía, a varios cientos de metros de ventaja, se detiene y vuelve lentamente a comprobar qué sucede. El doctor y su prometida también se detienen junto al oficial estadounidense. El teniente desmonta de su caballo y voltea al sombrero, cuando una serpiente de cascabel entonces salta hacia él intentando morderle. El oficial, rápido como un rayo, la corta en dos con su sable. Para entonces “lengua amarilla” ha llegado hasta ellos y reprocha al teniente haber tocado el sombrero. Se trata de una “trampa mexicana”. Quién la ha preparado no lo sabe, pero en todo caso, como pisaverdes del este, tan solo deben andar y preocuparse de no tocar nada. Beatrice hace gala de su explosivo carácter y abofetea al guía por dirigirse así a su marido. El guía durante un instante valora atravesarla con su machete, pero se calma finalmente.


Muerte a los colonos
Tras ver varias granjas abandonadas, el teniente decide dar un descanso a los hombres y visitar una granja habitada para que puedan beber y descansar adecuadamente, además de para recabar información de primera mano sobre la disposición de los indios. Stirling “lengua amarilla” localiza
una y hacia allá se encaminan. Pronto encuentran a un colono que aunque parece no entenderles, finalmente decide enseñarles el camino más corto. Llegan así a la granja de Gordon. Mientras los soldados descabalgan y abrevan a sus bestias, el teniente y su prometida entran en la casona de la
granja invitados por Gordon. El médico decide ir a visitar un extraño cobertizo que está situado a cierta distancia de la granja, y se hace acompañar de dos soldados. En ese momento, se escuchan gritos y unos disparos. Harrier, Beatrice y Gordon salen corriendo de la casa para ver qué ha sucedido. Ven al colono que los había conducido hasta la granja, y que era sobrino de Gordon, yaciente en el suelo atravesado por balas de fusil, mientras que uno de los soldados está herido por una horca. Los soldados explican que el herido intentó matar a un sapo y el colono se lo impidió y lo intentó atravesar con su horca.
Gordon se muestra muy disgustado por el suceso, y explica que las secreciones de la piel de los sapos son medicinales y por eso importante no matarlos sin justificación. Pero su discurso queda truncado por una serie de disparos de revólver provenientes del cobertizo. Allí un cabo acompañando a Armitage abrió la puerta del cobertizo y activó una trampa que acabó con su vida. Atravesado por una estaca de madera con el revólver desenfundado, sus dedos engarfiados por el dolor apretaron el gatillo hasta morir. El teniente y Beatrice suben al cobertizo acompañados de Gordon y de varios soldados. Una vez allí, comienzan a investigar el cobertizo, y el doctor sube al desván donde se guarda la paja junto con Gordon. Allí, el colono utiliza otra horca para remover la paja un rato hasta que lo deja dándose por satisfecho y mostrando que allí no se oculta nada, y que la trampa la había dispuesto por si entraban indios a robar. El doctor no se fía y continúa la labor donde la había dejado Gordon, hasta descubrir restos de una cabra en descomposición. En ese momento, Gordon intenta apuñalarlo, pero al volverse rápidamente Armitage, da un traspiés, y cayendo escaleras abajo se desnuca. Para entonces varios colonos de otras granjas se han congregado curiosos y algo alterados, con armas. Beatrice convence a su prometido para que les incauten las armas.

La figura nocturna
Tras hacer noche en la granja de Gordon, el destacamento reanuda la marcha al día siguiente y llegan al fuerte a mediodía. Lo encuentran desierto, y sin pistas claras de qué ha sucedido. No hay marcas ni señales de ataque, ni de saqueo. Las armas y municiones de repuesto siguen en sus sitios así como las raciones de comida. El grupo de soldados se acomoda en los barracones y el teniente organiza las
guardias, mientras el doctor y Beatrice registran la casona de madera donde vivía el capitán Justin Geofrey. Descubren  una serie de mapas, también mapas antiguos españoles de la zona, y el diario del capitán. En el diario el capitán habla de unas luces misteriosas en “la montaña de las calaveras”. La última entrada relata cómo reúne todos los hombres para hacer una partida y “averiguar de una vez por todas lo que está sucediendo”. En los mapas militares no hay referencia a ninguna montaña de calaveras, pero Lucas Armitage ha estudiado algo de español en sus días de la universidad, y logra encontrar a qué montaña se refiere el capitán dentro del mapa español. Los tres deciden ir a la mañana siguiente a investigar allá.

A la noche tanto Beatrice como el teniente Harrier tienen una pesadilla donde les parece ser un conquistador español perseguido por indios, y finalmente caer rendidos en un arroyo donde se yergue una criatura irracional que les transmite miedo y repugnancia a partes iguales. Es entonces cuando el teniente se despierta, y presiente que hay alguien en la habitación. Permaneciendo en completo silencio e inmóvil, logra detectar el sonido de una respiración. Enarbolando su sable, salta de la cama y atraviesa a la figura. Al prender las luces, la pareja se da cuenta de que se trata de un soldado, uno de los que custodiaba a los colonos en la jornada anterior. El doctor le practica una autopsia y se fija en unas extrañas marcas de moratones como de dedos en el costado del soldado.





La pipa de la paz
A la mañana siguiente el doctor hace sus averiguaciones sobre el soldado, pero nadie en el barracón para haber visto nada inusual. Por si acaso, les pide a los soldados que se quiten las camisas para observarlos, pero no ve ninguna otra marca similar. Más calmado, se reúne con Beatrice Jackson y deciden registrar a fondo la casona. Bajo la cama encuentran un pentáculo dibujado con sangre. Los conocimientos arcanos del doctor le llevan a asegurar que se trata de un hechizo de contacto con planos lejanos, y que aunque lleven implícito cierto conocimiento, acabarían por arrastrar a la pareja a la locura. Con dos soldados, deciden investigar el suelo del dormitorio, ante la indiferencia del teniente que entiende desde su mente racional que están perdiendo el tiempo. Pero al poco encuentran un pequeño hato con un bebé indio momificado en su interior. Un breve examen convence al doctor de que algo no humano ha sorbido las entrañas del pequeño.
Tras una breve deliberación, el teniente decide entregar el cuerpo del bebé a los indios apaches y así entablar negociaciones con ellos. Reuniendo una decena de hombres, el teniente parte al campamento indio, que el anterior capitán tenía señalado en sus mapas. A medio camino pueden ver unas señales de humo, que el guía Stirling lee fácilmente. Se trata de un aviso de que se están adentrando en tierras indias. Al llegar al campamento los apaches los esperan. El jefe indio descabalga y charla con el teniente, que le entrega el cadáver del niño. Los indios se lo agradecen e invitan a los protagonistas a tomar la pipa de la paz. Allí el jefe les pide a los casacas azules que contengan a ciertos colonos problemáticos, entre los que no incluye ni a Gordon ni a los colonos que estaban con él. Convencen a los héroes de que ellos no han tenido nada que ver con la desaparición del teniente, aunque sospechan de los colonos.

El superviviente del fuerte

A la vuelta al fuerte, el teniente ve con desagrado cómo varios colonos están comerciando con los soldados. Ordena expulsarlos, pero antes de partir, una joven habla con Beatrice y le dice que están pasando cosas horribles y que se lo mostrará todo a la noche siguiente. Esa misma noche los prometidos vuelven a tener pesadillas, aunque en esta ocasión menos vívidas que la noche anterior. Al despertar de su sueño, el teniente vuelve a tener la sensación de que alguien está vigilando su
sueño. De un salto coge su sable y avanza hacia la figura, pero intenta no dañarlo. La figura, emitiendo sonidos guturales se lanza contra él intentando estrangularlo y el teniente se ve obligado a atravesarlo. El doctor, que estaba durmiendo en la habitación contigua, en el despacho del capitán, entra con una luz y su revólver en mano, desvelando que se trata efectivamente de otro soldado. Es demasiado para los nervios del teniente, que comienza a notar la erosión en su cordura. El cadáver tiene también la extraña marca en el pecho.
Al día siguiente los militares escuchan una corneta del ejército tocando carga. El teniente comanda una patrulla a averiguar de qué se trata, y encuentran a un soldado herido, perteneciente sin duda a la antigua guarnición del fuerte. El hombre está herido por armas contundentes, palos o culatas de fusil, y está exhausto. Lo conducen a la enfermería, donde Armitage lo trata y donde le escucha formular un fatídico nombre: Shub-Niggurath. Conocedor del terrible significado de esas palabras, corre a explicarle al teniente el peligro que corren, y deja al herido descansando. El teniente no parece sin embargo muy convencido de que el nombre de un antiguo dios relacionado con ritos salvajes de fertilidad tenga algo que ver con la desaparición de la guarnición. Cuando el doctor vuelve a la enfermería, encuentra al herido muerto, degollado por su propia mano. Antes de morir ha tenido tiempo de escribir con sangre en la pared un mensaje: “escapad mientras podáis”.

La montaña de las calaveras
Esa noche, Beatrice, el cabo Donovan y el doctor siguen a la joven colono campo a través para que les enseñe qué es lo que está sucediendo exactamente. Armitage tiene la precaución de escribir una carta que entrega a un soldado para que entregue al teniente si es que no vuelven en tres días. A la mañana siguiente el teniente se apercibe de que los tres han desaparecido, y aunque lo atribuye a una de las ideas de su mujer, pronto sus nervios van creciendo hasta que exige a todos los soldados que den parte de cualquier información relevante respecto a su desaparición. Uno de ellos le entrega la carta.

El teniente decide entonces ir a la montaña de las calaveras, pensando que allí pueda encontrar a su prometida. Se hace acompañar de quince soldados. Llegan en noche cerrada, y pueden observar luces de hogueras y extrañas flautas de hueso y tambores. En la ladera de la montaña pueden ver un montón de calaveras humanas. Ascendiendo la  montaña llegan hasta un claro donde una pagana ceremonia se desarrolla ante sus estupefactos ojos. Un grupo de unos setenta indios y varios colonos bailan frente a un antiguo monolito negro siguiendo las indicaciones del chamán de la tribu, mientras una joven es sacrificada de manera cruel manchando la roca con su sangre y vísceras. A su lado, esperando a ser sacrificados, Beatrice y Lucas están atados observándolo todo estupefactos, mientras unas criaturas nauseabundas, mitad hombres mitad lobos, gules, devoran los restos de Donovan. En ese momento, un gigantesco sapo negro aparece de la nada sobre el monolito. El chamán ofrece el cuerpo de la joven, que el sapo repugnantemente comienza a sorber con su lengua fétida atravesando su pecho.

Sangre en la noche
Es demasiado para el teniente, que se desmaya, mientras escucha cómo sus soldados comienzan a disparar sobre la multitud sin esperar órdenes. También Beatrice ha perdido el conocimiento víctima de una fuerte crisis nerviosa. El único que consigue mantener una cierta calma es Armitage, que aprovechando el caos logra acarrear a la joven e intenta salir del claro. El sapo negro da un salto y comienza a perseguirlos, mientras el teniente recupera la compostura y baja con su sable y su revólver en pos de Beatrice, abandonando a sus hombres a su suerte y esquivando a indios que suben ladera arriba para enfrentarse a los casacas azules con sus tomahawks mientras estos barren el claro con sus fusiles y algunos comienzan ya a huir a través del bosque de camino al fuerte. 
Beatrice despierta de su sopor histérico y se retuerce para que Armitage la deje en el suelo. Ha visto el puñal indio con mango de hueso que le regaló su padre y que el colono Gordon observara con tanto interés cuando se conocieron. Con él, se cortan las ligaduras y se gira para enfrentarse al chamán, que está enzarzado en una lucha con el perro lobo de la hija del coronel. Por la espalda, Beatrice clava la hoja entre los omóplatos del apache, sin saber que la hoja mágica era una garantía para atravesar la armadura mágica que lo protegía. Con un aullido de dolor, Pluma Rota se gira y fija sus ojos malévolos en ella, recitando un hechizo maldito.
Entretanto, el sapo gigantesco recibe varios balazos del teniente, que apenas logran inmutarlo, mientras el doctor corre hacia el monolito intentando recordar todas las artes arcanas que en su día conociera en los oscuros pasillos de la biblioteca de la universidad de Miskatonik. Encuentra una roca en forma circular en el suelo con un pentagrama dibujado con sangre, y se concentra para intentar recordar la fórmula secreta que cerraría el portal del plano extradimensional del que proviene el sapo.
El chamán logra encantar a Beatrice, que se retuerce en el suelo mientras comienza a transformarse en una criatura demoníaca, híbrido entre humano y lobo. Mientras ella se agita en el suelo, el sapo le lanza su pegajosa lengua con intención de perforarla y soberle carne y alma, pero el perro lobo se interpone para salvar la vida a su ama. El teniente corre hacia su prometida con el revólver en mano, mientras Armitage logra dar con las palabras exactas y cierra el portal, haciendo que la entidad desaparezca. Para entonces Beatrice se ha incorporado dominada por la mente del hechicero y se dispone a saltar sobre Harrier, que sostiene su arma a punto de abrir fuego. Es entonces cuando el doctor ataca al chamán con un tomahawk caído y lo mata. Una vez muerto, el hechizo desaparece y los tres amigos pueden aprovechar la oscuridad de la noche para escapar.

Tras varias peripecias logran llegar al fuerte y después de resistir varios días los ataques de los indios, las tropas del coronel Jackson vienen en su ayuda, gracias a dos mensajeros que envió Harrier antes de emprender la expedición a la montaña.

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