6 de octubre de 2015

Crónica Rolera: Hitos: S.O.S. en el Pacífico Norte, por el Infame Echevarren

Juego: Hitos
Fecha: 1-10-2015
Pjs: La Sombra (Alberto), La Mujer Pantera (Cristina Voada), El Llanero Solitario (Iván Martín), El Fantasma de la Ópera (Nacho), y Phileas Fogg (Pablo Domínguez), 


Trabajos de amor perdidos y cómo cocinar un escorpión
Nueva York 1942. La Mujer Pantera ha progresado su carrera política y el Partido Sufragista de Nueva Inglaterra está obteniendo buenos resultados en la calle. Ella trabaja duro en la sede de su distrito para poder ganar las elecciones al distrito. Allí ha conocido a una ilustradora que los ayuda en la campaña, una mexicana llamada Esmeralda Guzmán. Han ido intimando, hasta que una noche donde se quedan solas en las oficinas del partido, comienzan a hablar del prometido de Irena, y
Esmeralda increpa  a la Mujer Pantera por su actitud sumisa con un hombre. Poco después Esmeralda da un paso y se insinúa intentando acariciar el cabello de la política serbia. Ella la rechaza, pero en ese momento entra su prometido en la oficina y malinterpreta la escena. El ingeniero sale enfadado de la sede política mientras Irena lo persigue para aclarar el malentendido, cuando en un estallido de luz aparece el Viajero del Tiempo para intentar reclutar a la Mujer Pantera una vez más. Y una vez más debe convencerla tras un largo debate. Cuando los dos desaparecen en otro estallido de luz, una sombra lo observa todo: la bella ilustradora.



Nueva York 1931. La Sombra está saltando de edificio en edificio con su aliada Loto Negro, una ladrona de joyas china a la que ha convencido para ayudarle a encontrar pruebas contra las tríadas chinas a cambio de no entregarla a la policía. Han seguido una serie de pistas hasta un bufete de abogados donde creen que encontrarán pruebas que incriminen a varios mafiosos. Flor de Loto se
queda en la azotea vigilando y la Sombra se cuela en el despacho de abogados Kaplan & Kaplan. Tras asegurarse de que no hay nadie en el edificio, el justiciero de las dos pistolas comienza a buscar entre los dossieres. Sin embargo, no logra dar con ninguna pista. Tanto tarda que Flor de Loto se decide a desobedecer las instrucciones y accede por la ventana al despacho por si algo estuviera sucediendo. Sin embargo, la Sombra, acostumbrado a actuar en solitario, no puede evitar disparar ante lo que parece una amenaza. Flor de Loto logra esquiva la bala pero las alarmas se disparan. La ladrona encuentra rápidamente el dossier que buscaban y se lo entrega a la Sombra y huye por la venta, pero cuando el justiciero la va a seguir, aparece el Viajero del Tiempo para llevarlo a una misión. Flor de Loto vuelve tras sus pasos al percibir una extraña luz y no ve ya a nadie, pero recoge el dossier del suelo y no puede evitar emitir un grito de sorpresa al ver su contenido.

Mar de China 1873. Phileas Fogg disfruta de noche estrellada en un crucero de lujo camino a Yokohama. Está recorriendo el mundo para cumplir su apuesta de regresar a Londres en 80 días y ha partido del puerto de Hong Kong junto con su criado francés y la bella hindú Aoda a la que ha salvado apenas hace unos días de ser quemada viva en las junglas de la India. Precisamente está con ella manteniendo una charla íntima apoyados en la barandilla del crucero. La princesa hindú le parece muy atractiva, pero no sabe bien cómo flirtear con ella. Aoda le agradece que la salvara la vida y le pregunta por qué lo hizo. Cuando él responde que lo hubiera hecho por cualquiera, ella parece  enfadarse, quizás en broma, y pregunta si para él ella es alguien cualquiera. Fogg no sabe cómo responder y contesta que la protegerá como a algo valioso, como se protege a una manada. Ella tras escuchar algo tan poco romántico a la par que ligeramente insultante, se retira. Él la va a seguir cuando un estallido de luz anuncia la máquina del tiempo del Viajero. Fogg nunca antes había visto algo parecido. El Viajero del Tiempo se presenta y le invita a unirse a un grupo de héroes conocido como La Patrulla Extraordinaria. Asegurándole que estarán apenas unas horas fuera porque él lo devolverá esta misma noche en el barco, el lord inglés accede a participar en la aventura. 


París 1875. Christine, la cantante de la que está enamorado el Fantasma de la Ópera, se prepara en su camerino para actuar en la obra La Hija del Rey de Troya. Parece casi expectante, como si estuviera atenta a cualquier sonido que alertara de la presencia de alguien querido. Y como siempre, la silueta del Fantasma se puede adivinar en los bastidores del camerino, saludándola y animándola para su siguiente actuación. Le pregunta si él es realmente el fantasma del que todos hablan en la ópera
Garnier, a lo que él responde que “¿Quién es realmente el Fantasma? ¿Yo o todos aquellos que esconden su verdadera personalidad por medio de banalidades?” Ella le agradece las rosas que ha dejado en el camerino y se pregunta cuándo podrá finalmente presentarse y verlo cara a cara. El Fantasma está tentado a hacerlo, pero finalmente se sobrepone, diciendo que será dentro de poco. Se desvanece entonces entre las sombras, cuando aparece el Viajero del Tiempo reclámandole para una nueva aventura. Para olvidarse de sus cuitas, accede. Christine Daaé lo ha seguido pero tan solo ve un estallido de luz y después, nada…


Texas 1878. El Llanero Solitario ha sido enterrado hasta el cuello por unos malvados enemigos suyos. Le han dejado el sombrero puesto para evitar que tenga una insolación. El Ranger tiene la mirada fijada en un escorpión que se acerca poco a poco a él. Intenta soplar para alejarlo, pero tan solo consigue retrasarlo. Tiene entonces un plan desesperado. Esperar a que se acerque lo suficiente como para intentar partirlo en dos de  un bocado. Con nervios de acero espera al momento preciso, pero su temperamento impetuoso le hace adelantarse unas décimas de segundo, y aunque logra partir en dos al escorpión no puede evitar que clave su aguijón, eso sí, en su antifaz. Tras escupir al escorpión y resoplar de alivio, un estallido de luz anuncia al Viajero del Tiempo, que salta raudo de su máquina del tiempo y corre a pisar al escorpión, preguntando si ha llegado a tiempo. Había calculado mal al parecer. El Viajero del Tiempo se disculpa pero se ofrece a liberar al cowboy. Para ello le entrega una pala a su siervo Morlock y se sienta a beber una limonada fría.
La misteriosa desaparición del acorazado insignia

Londres 1900. El Viajero del Tiempo congrega a la Patrulla Extraordinaria en la azotea del edificio del Museo Natural H.G.Wells y les explica el motivo de su llamada mientras su morlock entrega a los héroes unas bebidas. Al parecer, el acorazado de clase borodino Knyaz Suborov, buque insignia de la flota rusa, ha desaparecido sin dejar rastro en aguas del Pacífico norte. Los héroes deberán viajar al Kremlin donde el contacto del Viajero, el almirante Alexiev se entrevistará con ellos y les ofrecerá más información.

Tras ataviarse para la ocasión, el Viajero deja a los héroes en los arrabales de Moscú en enero de 1904. Allí pronto entran en el Kremlin como invitados del almirante, que los recibe en la sala de mapas del palacio imperial. Con un gran mapa del mundo desplegado sobre una mesa de roble, el príncipe Alexiev explica a los héroes el peligro que se cierne sobre las Rusias. La reciente guerra en China contra los bóxer (donde también participó el Imperio Británico) ha otorgado grandes beneficios
a Rusia, entre ellos el puerto de Port Arthur, donde tiene su base naval del Pacífico. Eso ha ido creando tensiones con el Imperio Japonés (aliado de la Gran Bretaña) que quiere aumentar su influencia en la zona. El ambiente anuncia una pronta guerra, y es en ese contexto donde ha desaparecido el buque insignia de la flota. Navegando solo por el Pacífico Norte tan solo alcanzó a enviar un S.O. Ni siquiera terminó el S.O.S. Hay muchos posibles enemigos interesados en debilitar a Rusia, no tan solo los japoneses, sino revolucionarios en el propio país. El almirante, tras una violenta discusión con la Sombra que le ha hecho ver lo estúpido de su estrategia de mantener al grueso de su flota en aguas europeas si prevé una guerra con Japón, discusión que es apaciguada por una contemporarizadora Mujer Pantera, desea suerte a los héroes en su búsqueda de pistas.

La entrevista con la zarina de todas las Rusias
Moscú 1904. La Mujer Pantera le pide al almirante un barco y unos soldados de confianza que ayuden a la Patrulla Extraordinaria en su cometido. Él asiente y les entrega una carta donde en Port Arthur tendrán lo que deseen, y al teniente Strogoff a su servicio. El mariscal ha encargado un pequeño refrigerio de exquisiteces para los héroes antes de partir. Cuando los aventureros se dirigen hacia el pequeño comedor, un cortesano los intercepta y pregunta por el Fantasma de la Ópera, al que insta a que lo acompañe a una entrevista con la zarina, que está interesada en saber más de él y de su genial producción musical.
Fogg se decide a empezar el piscolabis por el caviar, que el Llanero encuentra repugnante, mientras La Sombra y la Mujer Pantera, desconfiados, deciden seguir al cortesano y al Fantasma. Llegan hasta una gran puerta de madera de doble hoja custodiada por dos soldados. Allí se queda Irina, forzando
su oído por si escuchara algo  sospechoso, mientras el justiciero neoyorquino trepa por las ventanas y se cuela en la biblioteca donde va a tener lugar la entrevista. Allí está efectivamente la zarina, sentada en una lujosa silla con expresión ausente. Junto a ella, un hombre vestido de negro y con aura amenazadora. Se presenta al Fantasma como Rasputín, y sin mediar palabra comienza a hipnotizarlo para que le cuente todos los secretos de la Patrulla Extraordinaria.
La Sombra aprovecha raudo para teleportarse por las sombras a la espalda del sacerdote ruso y apoyar una pistola en su nuca, mientras el Fantasma avanza sin miedo antes de que Rasputín comience a hipnotizarlo siquiera, utilizando el terror que inspira su aspecto. Entre los dos héroes convencen al ruso de que toda resistencia es inútil. Él se  sienta admitiendo su derrota y pidiendo disculpas por su interés en la Patrulla, mientras la Sombra intenta infructuosamente romper el efecto hipnótico que mantiene Rasputín sobre la zarina. Como compensación por la situación indeseable, Rasputín ofrece a los héroes un poco de clarividencia. Arrojando unos polvos al fuego de la chimenea, los aventureros pueden ver algo que les puede ser de interés: cómo tres chinos entregan su esencia vital para resucitar al temible Bai-Pei.

En busca de Moby Dick
Los héroes viajan en el Transiberiano recorriendo toda Rusia de extremo a extremo cenando opíparas y exóticas comidas en el vagón restaurante de primera clase. La Mujer Pantera no puede menos que dejar notar que conforme avanza el tiempo, sus aventuras implican más confort. Cuando llegan al final de su travesía por tren, varios días después, ven cómo un gran número de obreros siberianos trabajan en la continuación del transiberiano a través de territorio chino, para unir la vía ferroviaria a Port Arthur. Acaban el viaje en un barco. Una vez en el puerto y con la documentación del almirante, se presentan ante el teniente Strogoff que les hace entrega del pequeño atunero con la  tripulación de soldados a su servicio. La Sombra plantea la posibilidad de visitar la playa donde se encontraron restos del acorazado.


Una vez allí, los héroes interrogan a unos pescadores lugareños chinos. Es Fogg el que con sus maneras inquisitoriales hace que les cuenten sus impresiones. Están convencidos de que se trata de la obra del monstruo Moby Dick, que hunde barcos a su paso de improviso. Con esa información, el grupo se hace a la mar.

Pasan los días, y la Patrulla no encuentra nada. En cubierta, el Llanero Solitario observa algo extraño en la lejanía en una noche estrellada bajo una gran luna llena. Parece un enorme lomo blanco que se hunde en el agua. La Sombra, atenta a las indicaciones del Ranger, fuerza la vista y lo que ve es algo más extraño y peligroso. Lo que el vaquero tomaba por un lomo blanco, es un submarino con su superficie metálica reflejando la   luz de la luna. La Sombra,  que ha peleado en la Primera Guerra Mundial, conoce los submarinos, y sabe que en esta época no debería haberlos.  Ya se ha sumergido el extraño barco, tan solo un periscopio permanece a la vista. Phileas Fogg
decide entonces hacer un tiro imposible, y con su pistola de duelo logra alcanzar en el espejo del periscopio. Esto parece llamar la atención del submarino, que se dirige a ellos, y comienza a emerger a unos veinte metros del paquebote ruso. Mientras los soldados contienen su aliento y uno de los héroes corre hacia el lanza-arpones que hay a proa, La Sombra se teleporta en la oscuridad y aparece tras la escotilla del submarino, que se abre lentamente. De ella emerge un hombre con turbante al que todos reconocen de inmediato: El Capitán Nemo.



En el Nautilus con Nemo
Los soldados están nerviosos, pero el Capitán Nemo no se dirige a ellos, sino a la Patrulla Extraordinaria, a la que le ofrece subir a bordo del Nautilus a discutir ciertos asuntos que les atañen a todos. El Fantasma le insta a subir a su barco, pero Nemo se  niega. La Sombra, a su espalda, le sorprende y le obliga a dar su palabra de que respetará sus vidas en el Nautilus, a lo cual el indio accede. El Llanero Solitario insiste también en que garantice que podrán dejar el submarino cuando quieran, algo a lo que el capitán accede también.

El capitán invita a sus invitados a cenar en su camarote mientras el Nautilus se hunde en las profundidades de las aguas del Pacífico. Beben un extraño champán a base de algas que no termina de convencer a Fogg, y el menú vuelve a desagradar al Llanero, que  añora su comida de Texas desde que comenzó la aventura. Nemo explica a los miembros de la Patrulla Extraordinaria que el Imperio
Británico no está tras la extraña desaparición del acorazado, ni el Imperio del Japón. Él y el Hombre Invisible  han venido comisionados por el gobierno británico a investigar qué ha sucedido y si pudiera ser un peligro para la Corona. No tienen ninguna pista de cuál ha podido ser la causa de su hundimiento, pero si encuentran sus restos en el océano podrá investigarse la causa. Nemo les explica a los miembros de la Patrulla Extraordinaria que probablemente tardarán meses en encontrar los restos del barco en el fondo marino, cuando uno de sus siervos hindúes entra en el camarote e informa al capitán que han avistado unos restos de un barco militar que podría ser el que están buscando. Sin saberlo, la suerte que acompaña a Phileas Fogg le ha beneficiado. Es de hecho Phileas Fogg, ante el aparente desprecio que parece tener Nemo por las potencias occidentales, el que le hace ver que él no es sino un siervo del Imperio, yendo como un perrillo faldero de un lado a otro siguiendo órdenes. Nemo entrecierra los ojos con rencor, pero admite que él es también un siervo británico. Será una afrenta que tendrá sus consecuencias.

Los restos del naufragio
Los miembros de la Patrulla Extraordinaria se ponen unas escafandras y trajes de buzo y salen a investigar. Tienen un pequeño transmisor, invención de Nemo, por el que están en permanente contacto, y una luz pectoral que les ayuda a ver en la oscuridad. Avanzando lentamente por el fondo marino entre peces fosforescentes, se acercan a la inmensa mole del acorazado ruso. Enseguida lo identifican como el Suborov. Se dividen en dos grupos: la Mujer Pantera y el Llanero Solitario (que
intenta siempre que puede quedarse a solas con ella) se internarán en el interior del acorazado entrando en un gran agujero provocado al chocar contra el fondo del mar, y el resto observará el buque desde fuera intentando entender qué ha podido sucederle. 
Dentro del barco, entre cadáveres flotantes, los héroes entran en una cocina abierta y en sus pasillos se topan con un pequeño tiburón. El Llanero le dispara con su pistola arpón, y lo ahuyenta. Por si acaso, salen y se reúnen con el resto. No han encontrado ninguna razón que les ayude a entender qué ha sucedido. Pero la respuesta les aguarda al otro lado del buque.

El tren militar atlante
Y es que más allá del acorazado clase borodino, los héroes pueden ver varias figuras humanas en extraños trajes de buzo que acarrean despojos del buque ruso hacia una extraña estructura humana. Se trata de una especie de tren enorme con una cúpula de la que sobresale un cañón enorme. Esa extraña máquina no es otra que la que los héroes encontraron en Sangri-La (en la aventura La venganza del abominable hombre de las nieves) y que controlaba el magnetismo. Los héroes adivinan rápidamente qué ha  sucedido. Los hombres que controlan ese enorme tren que circula por raíles a lo largo del fondo marino, activaron el cañón magnético, que atrajo al acorazado en apenas unos segundos al fondo del mar. La Patrulla Extraordinaria decide seguir a esos hombres al interior de la extraña estructura. Atraviesan una serie de ruinas olvidadas que les hace pensar en la Atlántida. Deducen que aunque esa antigua civilización habitaba en el Atlántico, han debido tener colonias en otros mares lejanos. 

El grupo se acerca a la trampilla de acceso y la Sombra y el Llanero son los primeros en entrar. Al poco el resto del grupo ha penetrado en la estructura. No hay agua dentro del  tren militar atlante, de modo que los aventureros se quitan los pesados buzos. Siguiendo un pasillo iluminado por extrañas luces fosforescentes, pronto dan con una especie de oficial atlante que parece dar órdenes a unos soldados al otro lado de una esquina. En un momento de silencio, los héroes lo dejan inconsciente y Phineas se viste con sus ropajes. Se trata de una decisión que será fundamental en el futuro.
Llegados a una bifurcación, Fogg se encuentra con unos soldados y les pide que se vayan hacia las cocinas a buscarle te atlante. Los soldados despejan el camino de los  héroes, que finalmente llegan a una gran sala protegida por unas enormes puertas de madera de dos alas. Al otro lado, por una rendija, pueden ver a ¡Fu-Manchú! Era él quien estaba detrás de todo. Con fuerza, empujan las puertas para llegar al fondo de toda la cuestión.

Contra la Hermandad de Maravillas Diabólicas
Fu-Manchú no está solo. Él se sienta en un trono de madera acompañado por un sirviente oriental, mientras mira sonriente a los héroes. Les explica que la Hermandad de Maravillas Diabólicas ha decidido aliarse con los atlantes para provocar el caos entre las potencias occidentales en los mares de China. Y ellos, por descubrirlo, deberán caer ante la Hermandad, formada por El Golem, Cabeza de Martillo, el Sabueso de Baskerville, Bai-Pei, y él mismo. Tras lo cual, aprieta un botón y una esfera de cristal irrompible lo separa de la batalla que pronto sacude las estancias atlantes.
¡Y estalla la pelea! El primero en moverse es un rapidísimo Llanero Solitario, que dispara con su revólver con balas de plata a Bai-Pei alcanzándolo en el costado. El maestro del kung-fu hace un
salto espectacular y cayendo frente a él le hace su temible  ataque de los cinco golpes, que lo matará instantáneamente en cuanto de cinco pasos. Sin embargo, el Llanero logra esquivar uno de los cinco golpes, salvando la vida. La Sombra dispara raudo contra su enemigo del mundo del hampa, Cabeza de Martillo, que con su Thompson le amenaza riendo. Pero una bala le atraviesa la cabeza y cae al suelo muerto.

El Sabueso detecta la magia en la Mujer Pantera y salta hacia ella mientras Irena se concentra para transformarse, llenando su mente de imágenes eróticas, una de las cuales, sin saber por qué, incluye a la joven Esmeralda. La lucha entre los dos animales  infernales es terrible. El Fantasma de la Ópera, cuyo terrible aspecto ha hecho retrasar tanto a Bai-Pei como a Cabeza de Martillo, se acerca al cadáver el gangster y recoge su Thompson, adivinando que es una especie de fusil con el que puede atacar. Se siente tentado de disparar a los animales míticos, pero su lucha cuerpo a cuerpo es tan terrible que tiene miedo de fallar y herir a la pantera. Dirige entonces sus balas contra el Golem, al que apenas hace daño alguno, y que sin inmutarse se dirige, mudo, hacia la Sombra.
Phileas Fogg intenta recordar algo sobre el Golem. Sí, era inmune a toda magia, pero probablemente sea vulnerable a la plata y a las garras de la Mujer Pantera. Grita su información al resto del grupo mientras corre hacia la puerta para cerrarla antes de que la guardia atlante entre en la sala, dado que han estallado las alarmas. Por el rabillo del ojo en las ventanas de la sala, el británico y el francés se

han apercibido que el Nautilus se ha acercado y está a unos pocos centenares de metros de ellos. Y no solo eso, sino que parece que ha disparado un torpedo. A Nemo ya no le importa que ellos mueran junto con los criminales.

El Llanero pronto acaba con Bai-Pei, que muere humillado, mientras el Fantasma intenta retrasar al Golem infructuosamente con su Thompson y la Mujer Pantera acaba de destripar al sabueso. Pero una vez acabado con el perro infernal, la Pantera, sedienta de sangre no sabe a quién atacar. Por pura suerte, en lugar de atacar a sus compañeros,  salta hacia el Golem, con el que entabla una lucha desigual. La Sombra se teleporta tras Fu-Manchú más allá de la pared de cristal, pero él aprieta un botón y el justiciero cae por una trampilla. Por pura suerte, esa trampilla acaba en una especie de pequeño hangar de submarinos personales de huida. La Sombra rápidamente se monta en uno cuando el primer torpedo alcanza el tren atlante.


Phileas Fogg cierra la puerta de la sala tras de sí, y convence a los guerreros atlantes de que la alarma es en los niveles inferiores de la base. Ataviado con los ropajes de oficial y con su tono imperante, los atlantes le obedecen. Él corre entonces hacia la escotilla  donde ha dejado su traje de buzo, cuando el primer torpedo impacta. Sabiendo que no va a tener tiempo de alcanzarlo, sonríe cuando su suerte proverbial le ha hecho toparse con un cubículo donde los atlantes guardan sus propios buzos. El agua le alcanza cuando se ha terminado de ponerlo, y finalmente la propia fuerza del mar lo saca de la base, donde la Sombra lo recoge en su mini-submarino.

Mientras el agua entra a raudales y Nemo dispara un segundo torpedo, el Fantasma de la Ópera, utilizando sus geniales conocimientos de ingeniería, desactiva la cúpula de cristal que protegía a Fu-Manchú, que aprieta de nuevo el botón de su trono y huye por la misma trampilla donde cayó La Sombra. El Golem es arrastrado por las aguas mientras los pjs se deslizan por el tobogán de la trampilla hasta los mini-submarinos. La Sombra puede ver el rostro de furia de Fu-Manchú en su propio submarino mientras se pierde en la negra oscuridad del Pacífico norte.


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