22 de septiembre de 2015

Crónica Rolera: Hitos: La venganza del abominable hombre de las nieves, por el Infame Echevarren

Juego: Hitos
Fecha: 17-9-2015
Pjs: La Mujer Pantera (Cristina Voada), El Fantasma de la Ópera (Jaime Vives), Phileas Fogg (Jesús Castizo) y Sherlock Holmes (Iván Martín)

Perfume, acoso laboral, mitin electoral y mesa de apuestas
Londres 1881. Sherlock Holmes está en un fumadero de opio en Londres empujado por el aburrimiento que le depara una semana sin ningún caso. Pero Watson entra en el decadente antro y saca a su amigo detective anunciándole que una misteriosa mujer lo espera en el despacho. También aprovecha para pedir a Holmes que deje de utilizar su dormitorio como una despensa de productos químicos. El detective le promete tenerlo en cuenta y acude a su cita en Baker Street con algo de interés, aunque su conocida misoginia no le permite albergar grandes esperanzas. Antes de abrir la puerta, detecta un trazo de perfume. Con sus conocimientos logra desentrañar que se trata de un perfume caro, de buen gusto, probablemente francés.



Lo primero que ve es que el lomo del cerdo que dejó colgando de un gancho en el centro de la habitación sigue allí, tal y como lo dejó. Lo estaba utilizando para apuñalarlo con el fin de desentrañar un caso de asesinato, pero no parece que la presencia del puerco sangrante afecte mucho a la dama que está sentada en el único sillón de la estancia. Se presenta como Irene Adler, y Sherlock no puede evitar encontrar su presencia perturbadora. Con las manos ligeramente temblorosas, intenta encender una pipa infructuosamente, y es la propia Irene la que finalmente le ayuda, sosteniéndole la mano. Le echa en cara al detective que la haya hecho esperar, y lo reta a que averigüe qué es lo que ella quería encargarle, dejando la habitación, y tras de sí, un embriagador perfume. La escena es casi mágica, hasta que aparece el Viajero del Tiempo pidiéndole a Sherlock que lo acompañe para una misión de la Patrulla Extraordinaria, dado que él es su columna vertebral.


París 1875. El Fantasma de la Ópera escucha embriagado el ensayo de La Hija del rey de Troya, donde su adorada Cristine canta como cantante principal. Escondido en uno de los palcos, no puede evitar irritarse ante tan mala partitura. Una vez que todos han dejado el teatro y el director, Ettiene, trabaja en algunas correcciones de la partitura, el Fantasma hace su aparición. Su voz quebrada rebota por la estancia llamando al autor de la ópera, que se levanta como un resorte y busca a su interlocutor. El Fantasma le echa en cara la mala calidad de su obra. Incluso arroja unas gotas de tinta roja sobre la partitura desde lo alto de la penumbra del teatro, que para el autor teatral parece sangre caída del cielo. Aterrado, promete esforzarse más en su trabajo y sacarle más partido a la amada del Fantasma. Una vez que Ettiene ha huido, el Fantasma baja a la platea y le dedica un par de horas a mejorar la obra, hasta que una explosión de luz anuncia la máquina del tiempo del Viajero. El Viajero del Tiempo le explica que, como espina dorsal del equipo, debe acompañarle a una misión de la Patrulla Extraordinaria.


Nueva York 1942. Irena Dubrovnik ha dejado su trabajo de archivista y se ha postulado como candidata para concejal de un distrito de su ciudad bajo las siglas del Partido Radical Sufragista de Nueva Inglaterra. Está dando un mitin electoral en un mercado de abastos, abarrotado de público, la mayoría mujeres. Su prometido la observa en primera fila con gran interés, apoyando su vocación política desde el primer momento. Pero unos reventadores profesionales enviados por un partido rival, intentan ridiculizarla y boicotear el evento. Ella prosigue su discurso sin amilanarse, pero no logra retener la atención del público, que poco a poco comienza a irse. Un periodista anota varias frases rápidamente en su bloc de notas y se aleja con una sonrisa. Al poco se queda a solas en la oscuridad del mercado junto con su prometido, que la consuela abrazándola mientras ella solloza. Pero sobre su hombro, observa un estallido de luz al final del mercado. Suponiendo que se trata del Viajero del Tiempo, le pide a su prometido que la espere mientras recoge sus cosas y se interna entre los puestos cerrados de comida para hablar con el recién llegado. El Viajero la invita a la siguiente misión de la Patrulla Extraordinaria, si bien ella en un principio se niega a participar. Se sorprende incluso del apelativo de “mujer pantera” con el que el Viajero la ha bautizado, e insiste en que ella no es ninguna heroína. Sin embargo, el Viajero acaba por convencerla haciéndola ver que es la verdadera espina dorsal del grupo, y de que sin ella sus compañeros estarán en desventaja frente a cualquier amenaza. Cuando se sube a la máquina del tiempo y desaparece, la voz de su prometido llamándola apurado es lo único que queda a su espalda.


Londres 1873. Phileas Fogg pierde dinero jugando al bridge en el Reform Club junto a cuatro socios. El que más dinero está ganando es el empresario y físico escocés Oliver Sout, un excéntrico hombre de negocios del que nadie sabe gran cosa y que acaba de 

ingresar en el club. Phileas hace gala de su flama británica mientras intenta recuperar alguna mano, firmando sin pestañear sus pérdidas, hasta que el escocés propone a la mesa una extraña apuesta: 10.000 libras a cambio de donar un litro de sangre sin desmayarse. Los tres aceptan la extraña propuesta seguros de que podrán aguantar la sangría como caballeros ingleses. Cuando la habitación queda vacía, una potente luz hace entender al jugador británico que el Viajero del Tiempo ha hecho su aparición. Sin alterarse lo más mínimo, ni levantarse de su silla, Phileas Fogg escribe una nota a su criado Passepartout explicándole que llegará tarde a cenar. El Viajero le explica que una nueva misión aguarda a la Patrulla Extraordinaria y que él es una parte esencial del equipo, su verdadera médula espinal. El lord inglés asiente con un leve movimiento de cabeza y sin perder la compostura sube a la extraña máquina del tiempo.

Viaje al Himalaya
Londres 1900. El Viajero reúne a todo el grupo en su enorme edificio en el centro de Londres, y como de costumbre, los conduce a la azotea a charlar y tomar unos refrigerios con la gran urbe europea a sus pies. El sirviente Morlock del Viajero del 

Tiempo entrega a Phileas un oporto, un brandy al Fantasma, un Bloody Mary a la Mujer Pantera y un te sin azúcar a Sherlock, mientras Irena se pregunta si el francés es realmente un fantasma o no, y el aire de superioridad del lord inglés se va haciendo patente.

El Viajero explica a los aventureros que el Anciano, el gran lama del monasterio perdido de Sangri-La le ha enviado un mensaje diciéndole que una gran amenaza acecha a la humanidad y solo la Patrulla Extraordinaria puede hacerle frente. Bajando a una de las enormes salas del edificio que hace las veces de Museo Natural y base del equipo, los héroes recorren el pasillo dedicado a la exploración ártica para proveerse de los útiles que puedan serles de utilidad en el Himalaya. Todos se atavían con ropajes gruesos, y el Fantasma aprovecha para coger un arpón esquimal. Tras el aprovisionamiento, el Viajero conecta la máquina del tiempo y la Patrulla viaja a través del espacio y el tiempo al Himalaya de 1919.
Allí el Viajero les hace apearse de la máquina y les señala vagamente la dirección al monasterio, más allá de las cumbres nevadas. Se despide arguyendo que debe controlar a su morlock y desaparece en otro estallido habitual de luz blanca. Los héroes 

comienzan a ascender lastimosamente las montañas bajo la gélida ventisca. El único que logra resistir la terrible prueba es el Fantasma, el resto del grupo comienza a desear volver a casa. Pero tras la dura ascensión, los aventureros observan cómo un fértil valle poblado de verdes jardines y huertos se extiende ante su vista, y a lo lejos se yergue una estructura bajo unas montañas heladas que no tardan en interpretar como Sangri-La. El Fantasma paga con unas pepitas de oro a unos campesinos para que los lleven en su carreta, evitando así mayores fatigas al grupo.

El recibimiento del Anciano y la cajita negra
Los lamas parecían estar al tanto de la visita de los héroes, porque no muestran gran sorpresa ante su llegada. Tras ofrecerles un caldo caliente y recuperarlos de las fatigas del viaje, los héroes son conducidos al gran salón de las audiencias. Allí espera un occidental ataviado con la toga naranja de los lamas. Se trata de un hombre de mediana edad con canas en las sienes y bigote que los mira con sorpresa y después con ira al entender que van a ser recibidos antes que él. Irena le dedica una sonrisa malintencionada al pasar. El Anciano está sentado en un trono de madera ataviado con ricos ropajes.
Es pequeño y parece tener arrugas en las arrugas. Allí dedica a los héroes una serie de expresiones en apariencia cargadas de sabiduría pero muy vagas, dando a entender a los aventureros que deberán ser ellos los que averigüen cuál es la amenaza de la cual hablaba el Viajero. Bastante aturdidos, se dirigen al comedor mientras el occidental que esperaba entra en la sala y se queja al Anciano de que no lo ha curado, como prometió.
Durante la comida los héroes observan a su alrededor y comienzan a trazar planes e investigar. Phileas Fogg logra cercar a uno de los monjes y con su tono de superioridad británica le conmina a que le hable del extranjero de bigote y otro occidental que come junto a él de pelo largo. El Fantasma de la Ópera opta por mantener una distendida charla con el occidental de bigote en uno de los balcones de la sala, más allá de miradas indiscretas. Entre uno y otro, los héroes logran averiguar que se trata del Doctor Stephen Extraño, un afamado cirujano que tuvo un accidente de coche y desde entonces tiene un temblor incesante en las manos que le impiden trabajar. Lo dejó todo y empeñó su fortuna porque según decían el Anciano es capaz de curar todo tipo de enfermedades. El otro occidental es el barón Mordo, un estudioso de lo arcano proveniente de Europa central.

La Mujer Pantera sigue a un niño ataviado con ropajes lamas pero con rostro occidental hasta un campo de recreo donde juega con otros niños a tirarse bolas de nieve. Lo aborda con buenos modales y el niño se presenta como Mandrake, el hijo de Therion, uno de los lamas más importantes del monasterio. Irena le pregunta por alguna amenaza, y Mandrake le explica que en el valle vive un maestro del kung-fu que es muy peligroso y responde al nombre de Bai-Pei. Entretanto, Sherlock Holmes se ha buscado materiales para poder disfrazarse de manera convincente de lama, y así ataviado intenta sonsacarle más al Anciano. Pero no es tan fácil engañar al gran lama de Sangri-La, y el Anciano reconoce al detective nada más que éste entra en la gran sala. Pero no es solo eso, parece que lo estaba esperando. En mitad de la estancia hay una pequeña mesita sobre la cual hay una cajita negra. En su interior descansa algo que podrá destruir al detective. Sherlock toma la caja y la abre en los pasillos. En su interior, una jeringuilla con heroína. Hace mucho tiempo desde su última inyección, y el deseo de inyectarse la droga es fuerte, pero decide luchar contra él, siguiendo el consejo del Anciano.
Una peligrosa aventura nocturna
Sherlock entra en la habitación que los lamas han dejado a la Patrulla todavía disfrazado y logra engañar a sus compañeros hasta que se desenmascara. El Fantasma es de la opinión de buscar al tal Bai-Pei en una incursión nocturna. Sherlock se apunta a tan peligrosa misión para dejar de pensar en la cajita, pero Phileas e Irena prefieren quedarse en Sangri-La. Al irse, la Mujer Pantera trastea en las pertenencias del detective y abre la extraña cajita negra, revelando su contenido. La pareja de aventureros viaja en la noche hasta alcanzar un recinto empalizado donde varios orientales se ejercitan en artes marciales. Sherlock se queda en ese punto pero el Fantasma decide arriesgarse y trepa a la casa donde sin duda habita el maestro Bai-Pei. Entretanto, Sherlock decide 

 estudiar los movimientos de los estudiosos del kung fu por si acaso en el futuro hubiera de luchar contra ellos. El compositor francés logra penetrar en la casa, pero no se atreve a entrar en la habitación de Bai-Pei. Penetra en una de las salas inferiores, pero no puede evitar hacer ruido y el maestro del kung fu se despierta. El Fantasma puede verlo antes de escapar sin ser detectado.

Los días pasan, y los héroes se van haciendo a la vida en Sangri-La, aprendiendo técnicas de relajación (el Fantasma y la Mujer Pantera), o artes marciales (Phileas Fogg) o rebuscando entre la biblioteca en perdidos legajos (Sherlock Holmes). El Fantasma llega a dominar la lucha en la oscuridad, y la Mujer Pantera cada vez domina mejor sus sentimientos para impedir transformarse en la pantera negra siempre hambrienta.
Incursión en la biblioteca prohibida
Una tarde en la biblioteca, el Doctor Stephen Extraño habla en voz baja en un aparte con Sherlock. Le muestra opio (al parecer se ha extendido el rumor en el monasterio de que el detective es adicto) y le propone un trato. Él se lo entregará a cambio de que a su vez Holmes le entregue las llaves de la biblioteca prohibida donde se guardan los libros más arcanos en la torre más alta del monasterio. El detective accede. Casualmente Phileas ha averiguado que alguien ha robado un libro de la biblioteca prohibida hace un par de meses, la época donde contactaron con el Viajero del Tiempo. Convencido de que se trata de la pista que buscan para averiguar qué está sucediendo, insta a Sherlock a que busque la referencia 40-414 en la biblioteca. Lo cierto es que sus modales son los mismos que utiliza con su criado Passepartout y el detective no los recibe de buen grado, pero entiende la importancia de la misión. Sin embargo, tampoco será él el que se encuentre la llave ni entre en la biblioteca. Holmes habla con el maestro de la infiltración en la noche (con permiso de La Sombra), el Fantasma de la Ópera. El francés roba la llave de la biblioteca esa misma noche, aunque vuelve a cometer una torpeza y debe esconderse entre unos tapices y esperar a que un viejo monje se asegure de que no hay ningún intruso. De ahí, accede a la torre y busca el catálogo de la biblioteca oculta, donde alguien ha apuntado el nombre del último que consultó ese libro: se trata de un tal Fu-Manchú. Sí, no hay duda de que se trata de la amenaza que han venido a buscar. El Fantasma se olvida de las precauciones lógicas y enciende un candil para buscar dónde se hallaba el libro por si pudiera averiguar más de su temática por la sección donde se encuentra. Su suerte es que encuentra unas páginas del pergamino olvidadas en el estante.
La expulsión de Sangri-La
Un poco más tarde, el Fantasma muestra su hallazgo a sus compañeros. Las páginas contienen una serie de extraños dibujos de ruedas y poleas. Él mismo, con su larga experiencia como ingeniero, logra identificar el significado de todo ello: parecen parte de los planos de un gigantesco artefacto de control del magnetismo. Sherlock le pide la llave al Fantasma, pero su insistencia despierta los recelos del francés, que enseguida desenmascara al detective, que arrastra ya un síndrome de abstinencia, y amenaza con inyectarse la heroína si no lleva a cabo su intercambio con el Doctor Extraño. Hablando en voz baja, pues la Mujer Pantera está dormida luchando contra sus demonios interiores (y venciéndolos, para alivio de unos ignorantes héroes que están apenas a unos metros de ella, que ha estado a punto de transformarse en pantera negra), los tres siguen discutiendo sobre la llave, cuando alguien llama a la puerta. Se trata del Doctor Extraño, que ufano, pide su llave. Como advierte ciertas dudas, alza su tono y la Mujer Pantera se despierta con un grito. Él la saluda de manera grosera y da un paso más, amenazando al Fantasma de la Ópera con denunciar a los lamas que ha entrado en la biblioteca prohibida esa misma noche. Al parecer Extraño estaba ojo avizor con lo que sucedía en la torre y vio las luces.
En ese momento, unos guardias lamas irrumpen en la habitación preguntando las razones de tanto escándalo. El Fantasma aprovecha la confusión para intentar dejar la llave en el bolsillo de Extraño, pero se le cae al suelo. Los guardias no pueden ver a quién se le ha caído la llave, pero la reconocen: alguien será expulsado esa noche del santuario. Phileas emplea su razonamiento británico lógico para explicar la verdad desde su punto de vista, omitiendo importantes detalles, y es finalmente Irena la que convence a los guardias de que ha sido Extraño el que ha robado la llave. Esa misma noche todos los novicios apalean a Extraño y lo arrojan del templo. Sherlock aprovecha para inyectarse la jeringuilla de heroína.
El desafío de Bai-Pei
Realmente los héroes ya han resuelto el enigma que tenían ante ellos: la amenaza tenía que ver con Fu-Manchú y ese extraño libro. Los siguientes días son para preguntar a los lugareños por Fu-Manchú, al que reconocen como un hombre que vino al monasterio a formarse en artes ocultas, mientras el Fantasma hace excursiones junto con Phileas para localizar en el valle la construcción de tamaña máquina sin resultado alguno. Llegan a la conclusión de que Fu-Manchú huyó del valle. Por las noches el Fantasma también ha podido ver que alguien sigue investigando en la torre de la biblioteca prohibida. Una noche logra dar con el novicio que entra en la biblioteca y descubre que es el barón Mordo, y que tras haber dado con un libro sobre el abominable hombre de las nieves, se entrevista fuera del templo con el Dr Extraño, aunque el contenido de la conversación pasa desapercibido para el músico francés. Sherlock solicita una audiencia con el Anciano y éste le entrega otra cajita negra que contiene aquello que el detective ha perdido al inyectarse la heroína. Se trata de una fotografía de Irene Adler: lo que Holmes ha perdido es la posibilidad de una vida en pareja con ella.
Al día siguiente, en una de sus excursiones, Fogg descubre al Dr Extraño acarreando unos baldes de agua en dirección a la mansión de Bai-Pei. El doctor le confiesa que ha entrado al servicio del maestro del kung fu con la condición de que le cure la dolencia de las manos. El lord británico se ríe de Extraño por su situación cada vez más precaria. Sin embargo, Bai-Pei se entera de esta burla y la toma personalmente, exigiendo al monasterio la ejecución de Phileas. A la mañana siguiente Sangri-La expulsa a los aventureros y estos en lugar de escapar deciden presentarse ante Bai-Pei, entrevista que acaba en lucha encarnizada.
Batallas y muertes en el valle perdido
Bai-Pei es el primero en reaccionar con sus legendarios reflejos, aunque combate con una mano a la espalda dado su desprecio hacia los extranjeros. Comienza intentando un golpe contra la Mujer Pantera por atreverse a dirigirse a él siendo mujer, pero ella lo esquiva por muy poco, así como Sherlock apenas evita el segundo golpe del maestro del kung-fu. Irena se concentra para convertirse en Mujer Pantera y el detective contraataca con un puñetazo en el estómago que dobla a un incrédulo Bai-Pei. El Fantasma aterroriza a los dos sicarios del maestro de la barba blanca y los ataca con su arpón, hiriendo a uno, mientras que Phileas Fogg dispara su pistola de duelo contra otro, que cae inconsciente al suelo. Bai-Pei vuelve a intentar golpear a la Mujer Pantera ya transformada, pero la ágil criatura se revuelve y esquiva el ataque, no así Sherlock, que es herido de consideración por las manos mortales del maestro chino. La Mujer Pantera desgarra a Bai-Pei sin piedad mientras el Fantasma acaba con el sicario que quedaba en pie y Phileas Fogg apunta con su pistola a la sien del villano chino y le descerraja un tiro increíble que acaba con su vida.
El doctor Extraño vuelve a maldecir a los aventureros, que han acabado con su quizás última oportunidad de curarse. Esa noche los miembros de la Patrulla Extraordinaria son agasajados y hacen ya sus maletas para volver a sus épocas dando por concluida su misión. Pero a la mañana siguiente averiguan que el abominable hombre de las nieves 

ha asesinado al Anciano. Buscando su pista, logran encontrarlo en la ladera de una montaña helada y se lanzan contra la criatura dispuestos a vengar al gran lama de Sangri-La.


Para ello, sabiendo que esta criatura es muy poco vulnerable a todo daño no mágico, el Fantasma ha hecho grabar unos versos arcanos en la hoja de su arpón, mientras que Fogg ha hecho bendecir sus balas. La mente racionalista de Holmes se niega a conceder ningún crédito a la magia, y la Mujer Pantera es de por sí una criatura de la magia. El combate es muy rápido, el detective abre fuego y hiere superficialmente al monstruo, mientras el Fantasma esquiva su golpe y falla con el arpón, Fogg dispara y es la Mujer Pantera la que con sus garras logra acabar con el Yeti. Los héroes la dejan devorando el cadáver cuando éste cambia ante sus ojos y descubren incrédulos que se trata del Doctor Extraño. Entienden entonces que el cirujano intentó una maniobra desesperada para curarse: invocar sobre sí mismo la maldición del abominable hombre de las nieves, del cual se decía que podía regenerarse a voluntad.
El Infame Echevarren

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